viernes, 25 de noviembre de 2011

Ser anarquista (I)


Desde hace mucho tiempo, si tengo que definir mis opiniones o creencias políticas más serias, digo que soy anarquista. Quizá sólo sea algo que me haya atribuido, porque nunca he estado en una organización anarquista, he leído pocos libros sobre ello (que no es lo mismo que no haber leído nada), y a lo mejor no pienso igual que algunos de los ideólogos más reconocidos de esa rama de pensamiento. Por eso puede que algunos anarquistas piensen que no soy coherente con algunas de mis opiniones. Pero para mí está antes el libre pensamiento que lo que normalmente se llama "coherencia" y que en realidad significa "adscripción" o "predecibilidad". Creo que tiene más valor, en mi caso, si yo puedo crear mis propias ideas, que si son más parecidas a otras.

Entiendo el anarquismo como la confianza en que el ser humano puede comunicarse de forma pacífica y coherente si se dan las condiciones, llegar a acuerdos satisfactorios sin coacción, siempre que tenga la información necesaria y el tiempo para discutir los asuntos, y construir relaciones y estructuras sociales basadas en la igualdad y la búsqueda de felicidad individual y colectiva. Entiendo "anarquía" como todas aquellas situaciones en que las personas se ponen de acuerdo de forma abierta y sin coacción. Creo que esos son los principios que justifican el ideario anarquista. La definición básica, histórica o académica es la que cualquiera puede leer en muchos sitios.

Mi idea de ser anarquista es abierta y adaptable a los tiempos, porque creo que el anarquismo es una teoría completamente coherente que puede aplicarse a cualquier época y cultura de la humanidad. En mi caso, por ejemplo, creo que tanta validez tiene el plantearse la desaparición del estado del modo típico en que el anarquismo lo suele plantear, como pelear por algunas reformas concretas siempre basadas en los principios arriba mencionados. Siempre he creído que el anarquismo es el objetivo de cualquier sociedad que aspire a una democracia real, ya sea a corto o largo plazo. Creo que el anarquismo es, además de una ideología política, una forma de ser del individuo, de aquél que es libre, se niega a que los demás le impidan serlo, y ayuda a los demás a ser libres también. No es importante si uno es anarquista, o si se hace llamar anarquista: lo importante es si su forma de verse a sí mismo y a los demás corresponde a una forma de libertad y respeto totales compartidos. Yo he dicho a menudo que soy anarquista porque de algún modo hay que resumir ciertas opiniones, pero creo que el objetivo del anarquismo -como debe serlo de toda forma de pensamiento- no es ser anarquista sino ser humano. A las personas que tienen demasiados estereotipos, conceptos equivocados o prejuicios sobre el anarquismo prefiero no darles ninguna definición, ya que estaría dándoles una definición errónea. Incluso delante de otros anarquistas no siempre me confieso como tal, por si mis posibles diferencias con el pensamiento histórico puedan suscitar confusiones. Prefiero que nos comuniquemos primero como seres humanos, y luego, si viene al caso, como anarquistas; aunque, si todo es como debe, ambas cosas serán lo mismo.

Creo, como digo, que el anarquismo es el comportamiento normal de las personas cuando se relacionan sin coacción, ya sea ésta dada por una jerarquía impuesta, por barreras creadas por el lenguaje y los estereotipos, por los prejuicios de comportamiento que nos cohiben en sociedad, por la coacción que representan las desigualdades económicas, o bien por la imposición directa de la fuerza. Por ejemplo la amistad es la forma más natural de anarquismo. Los amigos se comunican de igual a igual y ello les hace felices. En una amistad sana, los individuos no se imponen a los demás, y no dejan que los demás tomen decisiones por ellos, ni hablen por ellos, ni les impidan expresarse y decidir. A escala social eso es más complicado pero viene a ser lo mismo. Lo que impide las relaciones de igual a igual es el miedo. Una persona desconocida nos ha de inspirar naturalmente precaución, una precaución que podemos ejercer simplemente sin crear demasiadas barreras como las que impone el orden tal como lo conocemos. Por ejemplo la existencia de policía, que puede en principio ser una idea lógica de precaución, pero que en muchos casos es un método de represión enviado por el poder, también tiene su justificación en las desigualdades: cuando las desigualdades se acentúan, la delincuencia está a la orden del día. Si existe la posibilidad de hacerse muy rico y muy poderoso por un lado, o muy pobre y excluido por el otro, no hay duda de que algunos de los pobres se enfrentarán a esa situación rompiendo las reglas si es necesario, y que los avaros, los que no están satisfechos con las cosas sanas de la vida ni con la igualdad con los demás, harán lo que esté en su mano por acumular poder y riqueza. En la amistad, cuando la relación se torna desigual o dañina, terminamos con ella. En política eso también es más difícil. Tanto para lo político como para lo personal, el comportamiento abusivo está fundamentado en la desconfianza y el miedo, en la idea de que no se puede conseguir lo que uno quiere por métodos justos y que respeten a los demás. Esa creencia es falsa y es la que justifica la entropía del capitalismo depredador, las ideas fascistas y de ultraderecha, o las dictaduras comunistas, pero son temas para otras explicaciones.

Tanto en lo personal como en lo social, las igualdad y el comportamiento respetuoso es difícil y requiere por un lado de un sistema educativo inspirado en esos términos, y por otro, como decimos, de un reparto de riqueza y poder que facilite la comunicación y el intercambio de bienes y cultura, en lugar de dificultarlos. El anarquismo es entonces una forma de relacionarse con los demás. Si leéis algun libro o revista de psicología moderna o alguno de los clásicos de la autoayuda como "Tus zonas erróneas" de Wayne Dyer o similares, comprobaréis que existe una gran similitud entre las afirmaciones fundamentales y las del anarquismo: nadie puede decirte qué hacer con tu vida, no debes tomar decisiones inspirado por personas que manipulen tus sentimientos y pensamientos, si te haces responsable de tu vida te sentirás más libre, etc. etc. A este respecto, no sorprende observar que en la música punk, casi siempre cercana al anarquismo, abunden grupos cuyas canciones se mueven alrededor de una "temática positiva", motivación, respeto, realización personal y todos esos temas. para construir una sociedad igualitaria y feliz, hay que tener una mente dispuesta a ser igualitaria y feliz. Anarquista puede ser cualquiera que no acepta el conocimiento o las creencias sin pasarlos por su razón o intuición, cualquiera que puede cuestionarse el orden de cosas y empezar a preguntarse por uno mejor.



Continúo en el próximo post.

Ser anarquista


Hace tiempo que quiero escribir las aclaraciones o respuestas que daría a todas las preguntas o críticas que he recibido a lo largo de los años por autodenominarme anarquista o defender la idea de sociedad horizontal, las dudas sobre cuáles son las creencias anarquistas, o cuáles son mis creencias anarquistaS. Iré publicándolo por partes y pondré la lista de nuevas entradas bajo este párrafo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Positivizando el resultado de las elecciones.

La manera en que la modificación del lenguaje por el uso y abuso de los conceptos, modificados por los estereotipos creados a partir de leyes, llega a extremos como el de las elecciones de ayer, aparentemente normales.


Mucha gente está cabreada y desanimada con ideas como que "la mayoría de los votantes han votado a los malos" o "este país está lleno de fachas". Pero la realidad de las estadísticas es bien diferente.

El PP ha sacado sólo el 30% de los votos a partidos. Vamos, que no es ni la mayoría de los votantes ni la mayoría de los españoles. La mayoría absoluta se la ha dado la ley electoral, no el pueblo.

Lo cierto es que el PP no ha sacado muchos más votos que por ejemplo en los comicios anteriores, en los que perdió.

Esa ley electoral también le ha permitido obtener escaños por cada 50.000 votos. Partidos como Equo con 200.000 votos no han obtenido escaños. Como en la economía, la democracia capitalista se lo pone más barato a los grandes y/o ricos.

Mucha gente se ha abstenido en protesta por la ley electoral. Si no hubiese esta ley habría votado mucha gente que no votaría ni al PP ni al PSOE. En ese caso, puede que los votos del PP no fuesen el 30% sino quizá el 25 o 20%.

Vamos, que no me vengan diciendo que el gobierno representa "a la mayoría de los españoles".

Esto algún día ha de cambiar.

Por otra parte, hay que sacar del gráfico de arriba otra conclusión: si todo el mundo votase en España y apenas hubiese abstención, es probable que ni el PP ni el PSOE ganasen las elecciones. Es decir, quizá deberíamos votar tod@s.



Publicado en Mi15M