De entre las diversas estupideces legales o ilegales que podemos cometer o presenciar al volante, hay una en particular que aún no está claro si resulta insultante o ridícula, por lo que, si destaca, es quizá por la discreción que parecemos atribuirle. Es la que personalmente llamo "la falacia del trenecito" o la "ilusión de gusano". Consiste en viajar conduciendo cualquier tipo de vehículo motorizado (coches, camiones, motos) o sin motor (bicicletas, etc), muy cerca del vehículo que se encuentra circulando justo delante del nuestro, creyendo que nuestras respuestas están directamente vinculadas a las del conductor de enfrente, precisamente por encontrarnos tan cerca, como si ambos vehículos formasen parte de un trenecito o un gusano. Esta distorsión de la percepción se hace especialmente patente en los tramos de carretera donde la velocidad del tráfico aumenta por encima de los 50km/h, es decir, donde el código de circulación obliga a circular no acercándose más de 50 o 60 metros al vehículo precedente. Esta distancia se llama distancia de seguridad de frenada, porque, a la velocidad normal de los reflejos humanos, si circulamos más cerca tendremos menos oportunidades de librar un golpe contra el vehículo de enfrente si éste frena de repente o choca. Ahí es donde vemos el primer síntoma provocado por la ilusión del trenecito o falacia de gusano.
La dificultad para el diagnóstico de esta distorsión de la percepción quizá es debido a que no es frecuentemente multada, como muchas otras infracciones de tráfico, dado que no son fácilmente archivables por sistemas como los radades. Con la ilusión de gusano se producen otras infracciones convergentes, como por ejemplo: pasar un stop sin frenar, ya que seguimos al coche que va delante, o entrar en rotondas sin mirar a la izquierda para ceder el paso, ya que vamos "en fila" siguiendo al que va delante. También se producen otras indirectas, por ejemplo, un afectado por la ilusión de gusano acostumbra a adelantar a los coches que respetan la distancia de seguridad, para "rellenar" los huecos que hay entre ellos. En ese caso no deberíamos hablar de adelantar exactamente sino más bien de "colarse".
Aún no sé sabe qué provoca la ilusión del trenecito, pero quizá podría tratarse de alguna dificultad para recordar la cifra cero ("0"), en áreas de la memoria donde la distancia de seguridad había sido definida como "50/60m", el sujeto quizá sólo recuerda "5/6m". Pero la distorsión memorística sobre los números se vió improbable al demostrar que los afectados recordaban con facilidad a qué velocidad iban cuando fardaban ante sus amigos. También se ha especulado sobre si es algún tipo de daltonismo, por ejemplo que impida ver el color rojo de las señales de límite de velocidad, ya que en los tramos donde el vehículo precedente circula a velocidad superior a la indicada, el afectado por la ilusión de gusano automáticamente comete la misma infracción. Aunque esta teoría de daltonismo se cayó cuando se comprobó que la ilusión de gusano se apoya en la obstinación del sujeto por atender a las luces rojas de freno del vehículo que le precede, desatendiendo al resto de eventos que suceden enfrente en la carretera -cosa que por otro lado no podría hacer ya que está demasiado cerca del vehículo que va delante-. También hay ciertas teorías que apuntan simplemente al nivel de estupidez del conductor, que podría medirse a partir del tipo de vehículo al que se pegan. Así, la estupidez del conductor sería directamente proporcional a la peligrosidad y el tamaño de la carga del camión que tienen delante. Pero eso no explicaría por qué se pegan también a vehículos de tamaño normal y menos peligrosos, como coches familiares con niños dentro, o por qué personas que tienen trabajos intelectuales también sufren la ilusión de gusano.
Aún no se han conseguido datos sobre por qué tanto los conductores de autobuses con pasajeros como los agentes de control de las leyes de tráfico suelen sufrir también los efectos de esta ilusión, ni por qué también se pegan a vehículos a velocidad en tramos cuesta abajo, como lo hacen otros afectados. En cierta medida, algunas voces comienzan a atribuirlo a la farragosa prosa del texto obligatorio en las autoescuelas, que podría haber sido empezado a redactar en origen por uno o varios de esos agentes afectados de esta y otras ilusiones perceptivas más comunes hace algunos años, como por ejemplo que los niños sentados atrás no necesitan cinturón de seguridad en caso de colisión frontal. Otras voces más atrevidas apuntan a que es una deformación proviniente de residuos arquetípicos del sistema educativo estándar, en el cual casi todo lo aprendido comienza a olvidarse a las pocas semanas de haber conseguido el aprobado. Sostienen que esto mismo podria estar ocurriendo en las autoescuelas.
Existe una posiblidad de cura para la ilusión de gusano. En la mayoría de los sujetos, la falacia del trenecito está ligada al deseo de adelantar -lo que los expertos llaman el síndrome de "el burro delante pa que no se espante"-. Se ha comprobado que cuando un conductor se encuentra bajo los efectos de la ilusión, éstos se le pasan en cuanto adelanta al vehículo al que "persigue". Entonces se observa que es capaz de mantener la distancia de seguridad, sólo por la parte de detrás de su vehículo, pero ya es algo. Además, al adelantar, en muchos casos suelen curarse también los deseos de velocidad, ya que es frecuente que un conductor se pegue a nuestro vehículo hasta que nos consigue adelantar, y una vez que lo consigue circula a la misma o inferior velocidad que íbamos nosotros cuando lo teníamos detrás. Aunque aun no se sabe cómo, se cree que ahí podría estar la clave para la cura de la ilusión de gusano. De momento quizá sólo sería aplicable a los tramos de carretera donde los conductores afectados por la ilusión o por el síndrome del burro delante, se empeñan en adelantar a vehículos que circulan al límite de velocidad establecido por las señales.
En otro orden de cosas, se ha barajado la posibilidad de habilitar carriles Mercedes-Audi-BMW, ya que se ha comprobado que los conductores de vehículos de esas marcas circulan por un código de circulación diferente al resto de propietarios de vehículos. Aún no se ha podido averiguar las normas de ese código. Se cree que cada conductor tiene uno diferente.
Viñeta extraída de http://lafuensantayelanton.blogspot.com/2009/07/distancia-de-seguridad.html
lunes 4 de abril de 2011
La ilusión del trenecito
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