
Cuando era pequeño pensaba que no me interesaban los deportes. En realidad lo que no me interesaba era el fútbol. No todos tenemos las mismas aficiones; yo tenía más pasión por observar animalitos silvestres y libros sobre ellos y dibujar, que por el que llaman deporte rey, que como todo rey debería ser depuesto. Era bastante torpe en clase de gimnasia hasta que me interesé por otros deportes minoritarios que sí me apasionaron: el Karate y el Skate. Supongo que de pequeño no podía aducir motivos similares a los que uso hoy para defenderme del fútbol, pero hoy sí puedo hacerlo. Si hubiese sido como los demás niños, probablemente hoy estaría enganchado al fútbol, y tendría grabado en mi subconsciente el mecanismo según el cual un amante del deporte lleva una maruja en su alma.
Hoy en día, cuando porque otros lo ponen, veo en la TV las historias del fútbol o fragmentos de partidos, me pregunto por qué siguen llamando a eso deporte. El concepto de deportista lleva culturalmente implícito el ideal de ético comportamiento y respeto a los rivales. En cada partido de fútbol en la TV se suceden las entradas agresivas, las actitudes quejicas, el desplante al árbitro, el lloriqueo mal teatralizado por lesiones que no son tales, etc. Es decir: comportamientos antideportivos. En ningún otro deporte aparecen tal cantidad de faltas de autoestima en los participantes como en el fútbol. Sobre una porción de esos movimientos al límite de lo reglamentario que sólo tienen como motivación el ganar como sea, los seguidores no suelen decir nada: o lo tienen asumido o, por algún hechizo extraño, no los ven. Cuando discuten algunas de esas acciones, da la impresión de que estén escandalizados porque nunca antes las hubieran visto, pero yo no tardo cinco minutos en verlas en cada partido que por casualidad encuentre en mi ángulo de visión: es cansinamente normal en el fúbtol. ¿De qué se extrañan? ¡Si en realidad se diría que para eso miran los partidos! En otras ocasiones me dicen que es parte de la sal del fútbol, lo que lo hace interesante. Para mí es parte de lo que lo hace insportable. Me gusta ver los deportes, pero no soporto ver el fútbol, porque además los medios televisivos espolean esos comportamientos pueriles hacia el público, sacando primeros planos bien claros de los lloriqueos por contactos, las discusiones con el árbitro, etc. Por cierto, los jugadores necesitan clases de teatro, porque en ningún deporte donde hay más contactos y golpes contra otros participantes o contra los elementos del entorno se ve a los deportistas haciendo esas pueriles llamadas de atención. Y es que si las agresiones por las que fingen sufrir fuesen proporcionalmente ciertas a las pataletas, es que los futbolistas son personas realmente agresivas, y una vez más estaríamos ante un serio problema de deportividad.
El espectáculo del fútbol es un engaño. Está claro que es un enorme negocio que encumbra a un sector de personas, legítimamente con el dinero de millones de particulares libres y soberanos. Yo como punk y altermundialista, no puedo dejar de cuestionarme ese tipo de situaciones, y siempre me pregunto. antes de comprar la entrada a algo que me atrae, si realmente necesitan mi dinero y si vale la pena que me interese, pudiendo disfrutar de otro sinfín de opciones que también me satisfacen por menos dinero o incluso gratis. En fin, soy una de esas personas para las que todo puede ser política. En el fútbol, como digo, hay muchas cosas que no me cuadran. A mí no me van a hacer creer que un negocio multimillonario tan ligado a la industria audiovisual no puede permitirse, por ejemplo, instalar monitores de vídeo en los banquillos para que los árbitros puedan ver, como nosotros tensos en nuestras casas, la repetición de un movimiento polémico desde varios ángulos. O si no se plantearon nunca aumentar el número de árbitros que vigilen el partido, para que vean las cosas desde varios puntos de vista como en muchos otros deportes. Dicho de otro modo: a los seguidores del fútbol os están estafando. Si hay algo cierto en cualquier negocio del espectáculo, es que todo el dinero que se mueve depende del nivel de emoción que exista en un sector de la población. Así es como se ponen de moda estilos de música, de vestir, juegos veraniegos, etc. Así que a quienes ganan dinero con el fútbol les conviene que haya cuanta más emoción mejor. Y emoción no significa simplemente hacerlo más divertido o interesante: también puede significar hacerlo más retorcido. Cuando en los noticiarios o en los periódicos aparece las secciones futbolísticas, para mí es exactamente igual que programas como “Dónde estás corazón” o “Sálvame”, y cuando las personas a mi alrededor se ponen a tratar los asuntos relacionados con el fútbol aparecidos en esos espacios, me da la misma sensación que cuando se habla sobre las vidas públicas de los personajes de la prensa rosa. De los deportes que me gustan, casi nunca sé la vida y milagros de sus practicantes profesionales, aunque sean campeones del mundo. Ahora me doy cuenta de que soy afortunado de que mis deportes favoritos salgan muy poco o nada en canales de televisión, prensa y radio. A fin de cuentas, hace mucho tiempo que me dí cuenta de que muchas cosas, como puede ser la música, son mucho más interesantes cuando miras más allá de lo que todo el mundo conoce y lo comercial. El fútbol es, ante todo, un deporte comercial, y detrás de él hay algunas de las personas más ricas de cada país. Y detrás de las personas más ricas de cada país, es bastante raro que no haya algo oscuro o infame. En cualquier caso, el fútbol me parece una estafa simplemente desde el mismo momento en que unos jugadores que cobran millones por lo que hacen llenan el juego de comportamientos despreciables y espectáculos bochornosos que ensucian la palabra deporte.
Para mí los “deportes rey” son dos: el Budô o Artes Marciales, por su alto ideal de autocontrol personal y compromiso ético, y el surf, especialmente el de olas grandes, porque casi cada vez que lo practicas expones tu vida a las Fuerzas de la Naturaleza. Ésta es mi opinión personal porque de los que he practicado son los que más me han impresionado. Espero que otras personas tengan otra opinión similar moldeada por sus experiencias. Si hablamos del surf, aunque es un negocio millonario y en muchas de sus presentaciones puede estar impregnado de peliculerismo norteamericano, no es menos cierto que todo el mundo del surf mantiene una actitud definitivamente serena sobre las cosas. Las vidas de los campeones no son aireadas, e incluso algunos llevan una vida solitaria, casi mística. Estas dos posibilidades también se reflejan en los amateurs: uno puede seguir las modas del deporte y leerse todas las revistas especializadas, o puede limitarse a salir al Mar y disfrutar de ello. Y nunca he visto un surfer lloriqueando por darse un golpe con la tabla o el fondo marino, sufrir una herida con sangre y puntos, o tras haber pasado un susto de muerte, cosas que son relativamente frecuentes. En cuanto a las Artes Marciales, no me refiero a artes de combate fast-food como algunas variantes de full-contact que hay por ahí, enfocadas a personas impacientes y arrogantes. En el Budô que yo conozco y he intentado imitar, nuestro ejemplo son personas humildes pero esforzadas, que abandonarían su profesión antes que mentir para su propio beneficio, o que darían su vida para no faltar a sus convicciones. Tenemos el listón demasiado alto como para tolerar a arrogantes, tramposos y trepas. Al fútbol le falta esta cultura ética. Las faltas cometidas por los jugadores parecen ser propiedad de nadie, mientras que en las Artes Marciales, una falta es, primero, propiedad irrevocable de quien la comete, y segundo, responsabilidad de quienes le rodean, empezando por su maestro, sus compañeros, y finalmente de toda la comunidad de practicantes y maestros. Los fúbtolistas, como deportistas postmodernos y comerciales en un mundo postmoderno y comercial, no están obligados a tener una relación de cercanía, respeto y subordinación con sus entrenadores como lo tenemos los Budôkas con nuestros maestros y practicantes veteranos. Es una pena. Del mismo modo que la represión de un estado no suele solucionar la criminalidad, parece que las sanciones que a veces se ponen a los jugadores y a los clubs no son suficientes para aleccionar ni para erradicar todos esos sucios comportamientos. Algunos aficionados me dicen que es parte del interés, de la gracia del fútbol, un poco de pimienta para animar la controversia, pero para mí es lo que hace que el fútbol sea tan parecido a la música comercial: esta´sobrepagado, sobreactuado, y lleno de trampas.
viernes 29 de abril de 2011
El fútbol es un asco y lo sabéis.
Etiquetas:
consumo,
cultura,
el sistema es un estado mental,
estereotipos,
futbol
Publicado por
Jose García Carrera
en
03:30
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




"un amante del deporte lleva una maruja en su alma" que gran verdad en lo que se refiere al futbol, analizandolo de una forma simplista las mujeres tienen la prensa rosa y los hombres el futbol, esta claro que tanto el futbol y la prensa rosa tienen adeptos de ambos sexos, pero la idea principal es que no son mas que mero circo y yo considero que están al mismo nivel. El futbol como deporte me gusta siempre me ha gustado, lo que aborrezco es que los jugadores se pongan a fingir y no se les sancione, creo que el arbitro deberia mirar lo grabado por las camaras para tomar una decision justa, esta claro que no les interesa por que cuanto mayor morbo hay mas gusta a la gente(aunque a mi no desde luego). Muchos dicen que si se sancionara mas seria menos entretenido, pero a mas expulsiones mas goles pienso yo, mas divertido. Estoy de acuerdo contigo que trasmiten una imagen lamentable a la sociedad, los niños y niñas aprenden de lo que ven y buen ejemplo no son esa pandilla de rastreras teatreras lloronas ricas. Es increible lo sucios que pueden ser jugadores de Real Madrid y/o Barça y lo poco que le amonestan, por eso hay tantas ostias cuando tienen partidos juntos, por que las Paris Hilton del deporte están acostumbradas a hacer lo que quieren, ha pero como vende todo vale, LAMENTABLE
ResponderSuprimir