sábado, 6 de junio de 2009

El problema principal de la historia de la humanidad

Si tan sólo los gobernantes arrogantes y aguerridos del pasado hubiesen destinado más atención a mejorar las vidas de sus pueblos, y mucha menos a la guerra y la dominación, muchas cosas habrían sido muy diferentes. Si no hubiesen creído en la guerra, mucho trabajo y sufrimiento hubiera podido ahorrarse. Los campesinos no tendrían que pagar con su trabajo para la protección o la agresión que sus países organizan sobre otros países. Esa es la historia de la guerra. Si la arrogancia no hubiese sido el pecado principal de los asientos del poder casi desde que fue creado, los gobernantes, en lugar de haber delirado hasta la deificación y la santidad previo pago, hubiesen sido también campesinos. La división de clases no hubiese existido, y los reyes y todas las cortes sudarían junto a los campesinos, haciendo entre todos más corto y amistoso el trabajo de alimentarse unos a otros. El problema de la lucha de clases y el reparto de la riqueza hoy en día se basa en toda esa herencia. Si no fuese así, ya no existirían los delirios, las ostentaciones, las grandes construcciones urbanas para oficinas y mansiones. La estructura social es la misma desde hace miles de años: los ricos pagan a los pobres, los pobres trabajan atentos a los delirios de los ricos.

Si se hubiese repartido el trabajo entre el campesino, el sacerdote y el rey, el soldado, el hombre y la mujer -en los sitios donde no trabajan como iguales- siempre desde un principio hubiese habido menos trabajo que hacer entre más personas. Los niños de los pobres no hubieran sido ya trabajadores adultos. Las enfermedades por el trabajo no serían tan acusadas ni tan focalizadas socialmente. Si todo el trabajo necesario no hubiese sido tan duro, si hubiese sido lo que uniese a las personas en lugar de separarlas en grupos, quizá incluso nunca hubiésemos necesitado el petróleo, así como mil quinientos millones de personas viven hoy en el mundo sin utilizarlo, y muchos tienen la genuina sonrisa de los pobres a pesar de no conocer el lujo. Quizá no hubiésemos necesitado el petróleo, porque el esfuerzo no hubiese sido tanto el obstáculo que tanto pobres como ricos sueñan evitar. Puede que el ser humano hubiese creado un siglo XX diferente, menos lujoso, pero menos pacífico. Cuando, en un grupo en que el trabajo se reparte, uno deja de atender su parte, los demás se sienten incómodos, puede aflorar la envidia por ese descanso decidido unilateralmente, y aparece un conflicto. Esa es la base de la persecución del confort. Hoy en día el problema y la estructura es la misma. El petróleo, la gran necesidad de energía que haga mucho trabajo más rápido, surge de la supuesta necesidad de producir para un gran número de personas, para planes muy grandes, que en el momento de ser formulados ni siquiera existían. Algo muy parecido a los delirios de faraones y demás altas clases narcisistas. Ciudades ricas albergan, entre sus calles contaminadas por caros coches, las oficinas y restaurantes donde se deciden los planes de negocio que marcan el futuro de los pobres del mundo: de dónde se obtienen materias primas, a qué ritmo, a qué precio. Eso son los negocios.

La cultura humana vivió durante el último siglo obsesionada con un concepto luminoso: el de progreso. Siginificaba mejorar todos los sistemas conocidos. progreso significaba poder alimentar mejor, y después a más personas. Pero no se cambió la estructura. Antiguamente, por ejemplo durante la edad media, o en los primeros años de la revolución industrial incluso, el problema para alimentar a más era una división de clases que se había desarrollado de formas arbitrarias: por herencia, por dominación, por derecho divino, por mera inercia. El pobre pobre era y el rico rico era. Lo que cambió desde entonces fue que uno puede llegar a ser rico, o que un rico puede llegar a ser pobre. Pero no cambió el hecho de que hay ricos y pobres. Sigue habiendo delirios, confort, huída del trabajo, a la que llamamos confort. Sigue sin haber un reparto equitativo del trabajo. Los países siguen en guerra y sigue habiendo que mantener un ejército. Sigue habiendo pobres que no pueden decir que no a las ofertas de los ricos, y éstos por tanto siguen decidiendo la mayor parte de lo que se hace y lo que no. Ese ritmo de producción sigue siendo alto, porque en lugar de buscar una fórmula donde seamos iguales, se sigue una en la que se nos insta a multiplicarnos y a sumar infinitamente. Sin embargo, la producción alimentaria del mundo sigue teniendo excedentes...y el número de hambrientos crece. La inercia de las equivocaciones sociales de tantos miles de años de superstición, ignorancia y violencia, han hecho tanto daño que parece que la masa humana se avergüenza toda en un sólo gesto y se niega a parar, y sigue huyendo hacia adelante. Mientras seguimos huyendo, cada vez más rápido, cada vez más lejos, del problema primordial, de "la condición humana", necesitamos más y más combustible, más y más material, más y más alimento y estímulo. Si corres más, tendrás más premio. Y así nos cargamos el mundo.

La mentalidad humana debe cambiar. Ya no debemos pensar como siempre. Los aburguesados occidentales, los pobres, los ricos y magnates, todos deberíamos pensar de otra manera. En nuestro trabajo para la democracia capitalista, miramos a un futuro que aún no existe, e ignoramos el presente. Parecemos tener un exceso enfermizo de humildad, como si comprender fuese pecado de arrogancia; no oficializamos el hecho de que tenemos que cambiar puntos básicos de la mentalidad que han hecho daño durante los últimos miles de años. Quizá porque esos miles de años son los únicos que conocemos. Pero no podemos considerar completamente creativo un pensamiento que admite un futuro que tiene que ser más grande, pero con los mismos defectos de siempre... mas el problema de la destrucción de todo aquello con lo que vivimos.

Un cambio de conciencia es necesario.

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1 comentarios:

  1. La mentalidad humana debe cambiar, y tanto.
    Un discurso como este en el momento y lugar adecuado podria desencadenar algo grande, pero tal vez este no sea el lugar ni el momento.

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