martes, 26 de mayo de 2009

El disfraz al desnudo

Me gustaría proponeros una reflexión sobre lo que significa "la moda". Una reflexión no sólo crítica, pues también antes que la moda estaba la estética. Y más que una reflexión crítica o una defensa de algún aspecto, un intento de profundizar en lo que significa no sólo la moda, es decir: la tendencia, sino también la fabricación de ropa, su consumo, y su mismo significado desde el momento en que es concebida.

Podríamos empezar pensando que, aparte de por el frío, los motivos por los que nos vestimos suelen derivados de nuestra cultura, en nuestro caso una serie de convenciones y en gran medida de tabúes. Aunque en realidad, originariamente el vestir también tiene que ver con el transmitir ciertos significados. Esto es, el disfrazarse es una forma de arte y de comunicación que transmite estados de ánimo o actitudes ante el grupo desde la misma prehistoria. En nuestro momento el transmitir significados con la ropa sigue siendo un recurso, ya que entendemos que no es lo mismo ir de punk, que de escotado traje de noche, que de shorts, ropa ancha de rapper, o de simple ropa sport de diario.
En cuanto a todo esto ocurren dos sucesos interesantes. El primero es que la ropa está más estandarizada que en ciertas épocas: el pantalón, la camisa, el jersey... son las "plantillas" sobre las que se construyen diferentes variaciones de lo mismo. Especialmente cuanto más bajo es el escalafón del que se viste, el poder estético puede ser menor. Creo que sería muy interesante vestirse de vez en cuando con otras prendas, por ejemplo algunas prendas que en otro momento y lugar son utilizadas por los hombres, como túnicas, faldones, batas o kimonos, tocados espectaculares, etc. Toda una serie de cosas que podría llenarnos de color. Es una cuestión relativa el averiguar si es que somos una sociedad o moderada o sosa en cuanto a esas cosas, si es que la estética superlativa no forma parte regular de nuestra vida cotidiana por desuso, o si ese desuso tiene que ver más con algún estado de ánimo colectivo. Esto lo sugiero del mismo modo que en otros posts he reflexionado sobre la influencia que tiene la rutina capitalista en las vidas de los currantes, sobre cómo puede afectar a nuestra creatividad y expresividad. Simplemente tener en cuenta que una vida vertebrada alrededor de una larga jornada laboral parece tender a eliminar en gran medida la posibilidad de dedicar tiempo y energía a actividades artísticas y creativas, incluso al pensamiento político, y finalmente a grandes porciones de la verdadera individualidad.
Y sobre esto aparece el segundo suceso interesante. La ropa estandarizada de la que hablamos es la más habitual en las vidas de los occidentales "comunes" y trabajadores. Utilizamos una ropa cómoda, e incluso a menudo "de batalla". De esto surge por ejemplo parte de la estética hip hop y skater y parte del rock en general, aunque en las últimas décadas exagerándola: el chándal, la sudadera, la camiseta de algodón, todo ello fabricado en serie con las máquinas de tejer en masa que propiciaron la irrupción del capitalismo hace un par de siglos. El desarrollo de la economía actual también ha transformado nuestra vida estética. Incluso podemos quejarnos de hasta el punto que todos los europeos casi vestimos igual haciendo una generalización, pero además igual que los norteamericanos, los japoneses urbanos, los habitantes de las grandes ciudades sudamericanas, y algunos otros lugares. Esta es una cuestiónn interesante que está a punto de hacer desaparecer el arte y derecho ancestral de "disfrazarse". Por el contrario, quizá no nos equivoquemos si señalamos que la capacidad y tendencia a "disfrazarse" es tanto más presente, en principio, en dos colectivos muy señalados: los ricos y los artistas.
Los ricos son quienes compran moda de pasarela, o hecha a mano de encargo de sastre o renombre. Cuando alguien de la alta sociedad va a una fiesta, especialmente si es mujer, lleva un impresionante atuendo -y sólo lo lleva una vez-. En las clases de currantes, cuando vamos a una fiesta, admitimos a nuestros invitados con cualquier ropa, aunque a veces nos ponemos una camisa escogida o quizá nos peinemos o hagamos un maquillaje especial. Pero los trajes y vestidos muchas veces son limitados a bodas y otras ocasiones socialmente señaladas. Aunque no siempre es así: hay también mucha gente que para la marcha del sábado se maquea a conciencia.
Hay un detalle interesante que siempre me llamó la atención en los trajes con corbata: esencialmente son todos iguales. Envidio la versatilidad y lucimiento de las mujeres en cuanto al vestir para las ocasiones. Si un varón occidental fuese a una convención política de alto nivel vestido de verde pistacho, los otros asistentes no le tomarían en serio. El traje de corbata en gran medida es el uniforme de esclavo del sistema, que los ejecutivos, vendedores de seguros y agentes inmobiliarios usan de diario para transmitir el mensaje de que están al servicio de quien toque. Siempre me pareció chocante que utilicemos el traje de corbata para resaltar nuestra elegancia, porque siempre he pensado que lo hacemos para parecernos a los ricos que lo usan, y quizá sin saberlo a los primeros que lo usaban hace uno o dos siglos. En relación a su expresión de poder, correcto, pero si ese poder hemos de traducirlo por libertad, el traje no da la talla. Por algo lo llamamos el traje de pingüino: se ven tropeles de hombres vestidos todos igual, formando bandadas que se mueven a medio camino entre el donaire y el ridículo. Aunque reconozco que resulta bastante elegante.
El otro colectivo, decía, que muestra gran naturalidad para el disfraz somos los artistas. Por uno u otro motivo, generalmente relacionado con la comprensión de que la imaginación es lo que pone tanto el color como los límites a la vida, en mayor o menor medida a casi todos los artistas nos gusta manipular más o menos nuestra apariencia. Utilizamos el disfraz o nuestra fantasía de nuestras galas cotidianas. Porque estamos un poco locos, y creo que una idea que subyace en la mente de todo artista es que no queremos esperar a ser ricos y poderosos para disfrazarnos, sino simplemente ejercer el poder natural que la imaginación y la curiosidad dan a los seres humanos. Y en los más genuinos de los casos, el artista no busca en el catálogo de lo común lo que se va a poner, sino que se lo inventa. Esto de los artistas no es una generalización categórica, pero puedo decir que cuando estábamos en la universidad, la gente que conocíamos de otras carreras nos identificaban por nuestro aspecto. De uno u otro modo casi todos los de bellas artes lo llevábamos escrito. Recuerdo también que muchas veces por la calle los grupos de artistas éramos los únicos que parecíamos sacados de los dibujos animados porque de siete personas podían tener las siete un aspecto completamente diferente, aunque fuera por la combinación de detalles. No éramos de una tribu urbana. Éramos nuestra propia tribu abierta y cada uno ejercía su particular chamanismo, cruzada del color o búsqueda científica de un modo particular que los demás aceptaban. Porque en general los artistas necesitamos sentirnos completamente en lo que estamos haciendo, así que el proyecto que estamos realizando y nuestra forma de vestir y de vivir en un momento dado suelen concordar bastante de algún modo u otro, como si fuésemos protagonistas de una historia que nosotros mismos estamos contando. Buscamos vivir la vida como un juego. Vestirnos es parte de permanecer concentrados en una idea estética o algún experimento.

Sin embargo en las últimas décadas el límite entre el artista y el habitante común ha cambiado. Digamos más bien que se ha reconocido la existencia de artistas fuera de las galerías y academias. Por ejemplo el hip hop y el punk son dos ejemplos de cómo la calle se hace con el control de la apariencia. El hip hop desde un principio mostró una actitud exhibicionista y una acción deliberada del escoger la ropa. El punk también. Aunque la actitud de ambos es diferente. El hip hop tiene quizá más querencia por crear o recrear tipos nuevos de elegancia, mientras que el punk en principio pretende destruir los usos y costumbres al respecto. Otros tipos de arte sobre el vestir o el disfrazarse son cualquiera de las mal llamadas tribus urbanas, y también y especialmente las drag queen. En definitiva todos ellos son gestos en los que se pone el vestir al servicio de impulsos creativos y deseos de marcar algún mensaje, transmitir alguna sensación o sentirse de alguna manera. Vestirse de verdad, por algo más que por no pasar frío o evitar escandalizar nuestras mentes llenas de tabús. De todos los ejemplos que cito, las drag queen son el ejemplo más genuino de vestirse como un arte. A su lado están los grupos musicales que aprovechan sus actuaciones para convertirse en espectáculos visuales de muy diferentes modos. Y como estaba comentando, luego están las estéticas que se han vuelto grupales en torno a estilos de música u otro tipo de gustos. En estos casos hablamos de investigaciones estéticas como las que los artistas llevamos a cabo con nosotros mismos, solo que de forma colectiva. Yo a veces hablo de algo que llamo el estilo colectivo, que es la manera en que una estética evoluciona por las aportaciones regulares de un número indeterminado de personas. No es exactamente un sinónimo de moda, porque la moda casi siempre es pasajera, y muchas veces impuesta por las habilidades de marketing. El estilo colectivo es una colaboración participativa no organizada, y sucede a muchos niveles: en una "tribu urbana", en un momento de la historia de la música, en varias décadas de literatura, en un siglo de transformación de las costumbres en el vestir. Los grandes nombres de la pasarela también forman parte del estilo colectivo, en tanto muchas veces operan sobre elementos ya creados y generalizados: pantalones, faldas, chaquetas, sombreros, etc. Así que hay una parte en la creación del vestir, como en todo arte, en que se cruzan la invención y la adaptación. En la manera cotidiana en que escogemos la ropa ocurre algo similar, aunque a un nivel menos creativo. Para los políticos trajeados que comentaba en otro párrafo, no es lo mismo asistir con una corbata roja o una amarilla, o una lisa o con rayas que con una de flores de colores. Sin embargo en todos los casos llevan corbata. Dentro de los límites que uno se marque, pueden decidirse muy diversos matices, y pueden transmitirse muchísimas diferentes sensaciones. Eso es lo que hacen sobre todo las mujeres cuando se visten. Y esto es lo que hacemos los de bellas artes y las tribus urbanas. Es la actitud que devuelve la belleza al de otro modo aburrido mero cubrirse.

En cuanto a esto último, existe una crítica a la estética deliberada y aún más a la premeditada, porque carece de la naturalidad de quien se viste con lo que pilla. A esta crítica podemos hacer numerosísimas alegaciones, como por ejemplo que para vestirse sin preocuparse, casi todo el mundo ha escogido ya un estilo, como Einstein, que tenía todos sus trajes iguales para no pararse a pensar en qué ponerse. Sobre la autenticidad de cómo se vista cada uno, creo que es un debate en que casi todos hemos participado. Nadie puede negar que gran parte de los seguidores de un estilo o "tribu" gastan cierto dinero en adquirir el estilo, y que la mayoría de ellos no son creadores sino consumidores del mismo. También tenemos en cuenta la crítica a los precios de esos productos, que en un principio solía ser ropa adquirida casi por necesidad sin ir muy lejos, y por tendencia se convierte en un estilo colectivo a reproducir de forma premeditada, pasando luego a ser un producto reconocible más comercializado por grandes empresas -aunque en algunos casos éstas estén dirigidas por personas unidas a ello de forma genuina-. Sin embargo, creo que hay que reconocer que este gesto de reproducir "estilos de la calle" es un honroso homenaje a las raíces de movimientos culturales que en un principio no fueron oficiales pero llegaron al corazón de millones de personas, trayendo mensaje y creatividad nuevos a la sociedad. Creo que tenemos que admitir cuánto valor tiene que vestir, por ejemplo, al estilo del Bronx, de Trenchtown, etc, pueda tener el mismo grado de reconocimiento como "forma elegante" que el repetitivo traje y corbata.

¿Podemos intentar una definición nueva de "elegancia"? Quizá sería algo así: la capacidad que tienen algunas formas de disfrazarse para transmitir un mensaje vivo que llama la atención de forma positiva, ensalza y celebra cualidades de quien se viste.

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1 comentarios:

  1. Yo creo qu ela gente no solo no se viste diferente por estar o no comodo , si no por el que dirán ...
    y luego esta lo de etiquetar la forma de vestir de otros , como eso de , " nah , tu vas emo , y mañana punk , y pasado de lolita o cosplay "
    La ropa es tambien una manera de espresar como te sientes , quien eres y como . Es mezclarte con ello , y yo me siento genial , si tengo ropa de lolita , mis pitillos mi vans y mis converse , y a quien no le guste que no mire y listo , el caso es gustarse a uno mismo y hay gente que demuestra no quererse nada , solo porque va como los demas , sin poner un poco de su personalidad en su ropa y eso es muy triste y muy poco original .

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