lunes, 20 de abril de 2009

más es menos, menos es más.

Hoy encontré este pequeño cuento en otro blog:

El turista le pregunta a un pescador mexicano:
—"Y usted, ¿a qué se dedica? ¿En qué trabaja?".
El mexicano responde:
—" Soy pescador".
—"¡Vaya, pues debe ser un trabajo muy duro! Trabajará usted muchas horas".
—"Sí, muchas horas", replica el mexicano.
—"¿Cuántas horas trabaja usted al día?".
—"Bueno, trabajo tres o cuatro horitas".
—"Pues no me parece que sean muchas. ¿Y qué hace usted el resto del tiempo?".
—"Vaya. Me levanto tarde. Trabajo tres o cuatro horitas, juego un rato con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y luego, al atardecer, salgo con los amigos a tomar unas cervezas y a tocar la guitarra".
El turista norteamericano reacciona inmediatamente de forma airada y responde:
—"Pero hombre, ¿cómo es usted así?".
—"¿Qué quiere decir?".
—"¿Por qué no trabaja usted más horas?".
—"¿Y para qué?", responde el mexicano.
—"Porque así al cabo de un par de años podría comprar un barco más grande".
—"¿Y para qué?".
—"Porque un tiempo después podría montar una factoría en este pueblo".
—"¿Y para qué?".
—"Porque luego podría abrir una oficina en el distrito federal".
—"¿Y para qué?".
—"Porque más adelante montaría delegaciones en Estados Unidos y en Europa".
—"¿Y para qué?".
—"Porque las acciones de su empresa cotizarían en bolsa y usted se haría inmensamente rico".
—"¿Y para qué?".
—"Pues para poder jubilarse tranquilamente, venir aquí, levantarse tarde, jugar un rato con sus nietos, dormir la siesta con su mujer y salir al atardecer a tomarse unas cervezas y a tocar la guitarra con los amigos".


Como nunca he tenido mucho dinero (soy algo vago porque de guaje me obligaron a currar gratis y acabé asqueado), a menudo imagino formas de vivir sin gastarlo. En la facultad de bellas artes practicábamos la actividad del "basuring", es decir el reciclado de lo que otros tiran. Hay muchos materiales de construcción y decoración directamente utilizables para los proyectos y asignaturas de un artista plástico o de un estudiante de ello. Así como muchas cosas interesantes que tienen utilidad o magia para una mirada curiosa. A menudo usé ropa usada que compraba por dos duros en los traperos (no calzoncillos ni calcetines, gracias al cielo). Algunos sábados iba a la plaza de abastos y preguntaba sonriente si tenían verduras que estuviesen a punto de estropearse o que pudieran hacerlo durante el domingo, y tenía comida para varios días gratis (cuanto más sonríes, más comida y de mejor calidad te llevas): fresas, berzas, manzanas, tomates, calabazas, zanahorias... También me surtí de muebles y electrodomésticos paseando junto a los contenedores antes que el camión de la basura, incluso de bicicletas, y un amigo me consiguió un compresor para aerógrafo. En un foro de guitarristas hace poco un usuario contaba que se encontró a dos personas dejando abandonadas dos guitarras eléctricas enteras porque no sabían que hacer con ellas.

Siguiendo la filosofía taoísta de que todo existe por un motivo, que todo tiene su opuesto (Pilar Rubio y Jimenez Losantos por ejemplo), y que toda pregunta tiene su respuesta, a menudo he sido perezoso con mis deseos cuando no eran necesidades perentorias, y en muchos casos esa paciencia parece haber sido premiada por alguna fuerza mágica con encuentros posteriores con una solución mejor que la que yo creía era la adecuada. Por ejemplo el año pasado yo quise cambiar de guitarra y pensaba comprarme una de segunda mano que no me costase más de 300 euros. Unos amigos músicos me comieron la cabeza pa que me gastase 1000 euros en una guitarra mejor, cosa que me encanta como idea y objetivo pero es entrar en el terreno del lujo un poco. No pude comprar tal cosa y al final arreglé intercambiando mi anterior guitarra a otro guitarrista por la suya, que ahora es la mía. Suena estupendamente. El deseo frustrado de tener una guitarra semiprofesional me hizo investigar en sitios de segunda mano en internet y hace poco llegué a una estupenda conclusión: se puede montar una guitarra que en la tienda cuesta 1000 euros o más por 500 o 600, si la compras por piezas, si sabes buscar y comprar y si sabes montarlas. Esto es más ecológico y más cómodo; es como comprarla a plazos, pero sin deudas. También ha habido casos en que he tenido que comprar alguna cosa y no he podido, y después he conocido a alguien que me la podía conseguir prestada o por menos dinero que si hubiera corrido a la tienda.

¿Quién quiere una tele pudiendo tener una guitarra por menos dinero?


Últimamente me estoy planteando la posibilidad para mi futuro inmediato de buscar un curro de media jornada. Así tendré tiempo para otro montón de cosas que prefiero hacer sin presión, aunque algunas de ellas también puedan estar enfocadas a la remuneración profesional, como por ejemplo pintar murales, hacer encargos artísticos, o también mejorar mi formación poniéndome a estudiar unas oposiciones o quizá haciendo un curso de tatuajes o de fotografía. Por supuesto que en esta idea está también la de hacer el vago. Quizá es una muy buena idea currar la mitad del día y tener vacaciones todos los días, en lugar de currar todo el día y tener vacaciones sólo entre 15 y 40 días al año. Cuando éramos niños salíamos del cole y nos sobraba tiempo para un montón de cosas y para conocernos los unos a los otros. Pienso que en cierto modo las vacaciones del turista representan lo mal que nos llevamos con nuestros vecinos, y el poco peso cultural que tenemos en nuestro lugar de residencia.

Yo no fumo, soy casi vegetariano, no creo en la marquitis al vestir -ni sufro por llevar ropa rota de diario-, no juego a la play, he pasado casi toda la universidad sin ver la tele, y lo de internet, aunque es útil, abuso de ello por vicio y no por necesidad. Yo teniendo una guitarra que tocar puedo pasarme un montón de días sin aburrirme, sin gastar dinero salvo que tenga que cambiar cuerdas, o reparar una avería imprevista del amplificador (si toco enchufado), que son cosas que no ocurren todas las semanas. Pintando puedo pasarme semanas sin salir de casa sin aburrirme lo más mínimo, siempre que pueda comprar unos botes de pintura baratos, algún pincel que se me rompa, y encuentre en la basura alguna superficie interesante que pintar. Yo prefiero pasar el tiempo así, u organizando un grupo de música con amigos, que yendo a hacer el puto turista por ahí dejándome toda la pasta en agotadoras vacaciones de las que hay que tomar fotos sin parar en lugar de mirar el paisaje sin prisa.

Otra cosa es que también me gusta viajar y hacer surf, pero en determinadas condiciones que puedes escoger con calma en todas esas tardes libres y conversaciones con amigos, soy de esos a los que no les duele dormir una semana en una furgoneta y comer garbanzos y habas cocidas de lata durante varios días si me lo estoy pasando bien. ¿A quién no le gusta una fiesta con hoguera en la playa como sustituto a una cara discoteca? La verdad es que a mí de la vida me gusta casi todo, pero si es barato, me deja una tranquilidad que no tiene precio, y especialmente porque el efecto ecológico será menor. (Sobre prácticas que pudieran sustituir el enorme engranaje de producción capitalista ya comenté algo en otros posts).

En la universidad comencé a practicar la meditación, a través de lo cual abracé la explicación budista de la vida. Hubo un tiempo en que era un tío tranquilísimo y sanísimo. El mundo me parecía a veces una panda de locos que corren sin saber exáctamente por qué. Me apetecía dejar de correr e incluso llegué a pensar un tiempo dejar la carrera y escoger un templo para vivir -siempre que hubiese prácticas de sexo tántrico, of cors-. No lo hice (menos mal que tuve cabeza y escogí una religión que desconfía de sí misma y admite la vida laica como posibilidad de santidad) pero estuve -y estaré- en varios retiros en los que ocurría lo contrario que en Gran Hermano y Supervivientes: con cuatro cosas, entre 20 y 50 personas son capaces de pasar unos cuantos días en paz y harmonía. El ser humano tiene 6 necesidades cotidianas básicas, que son: salir de casa habiéndose lavado, comido, dormido, cagao, meao, y habiendo follado. Luego hay unas necesidades sociales y mentales que son sentirse querido, sentirse útil y sentirse escuchado, y encontrar una actividad con la que divertirse a la vez que se desarrolla el tipo de creatividad que cada uno tenga. No hay una necesidad de hacerse rico. Sí hay una necesidad de no sentir demasiada inquietud hacia el futuro -sólo la justa curiosidad y respeto-, pero eso podríamos solucionarlo aboliendo el sistema capitalista y las jerarquías económicas (el hacerse rico es el huir hacia adelante que todos asumimos como solución a la pobreza propia y ajena, pero en realidad es la fuente del problema).

Una de las cosas que más me cabrea de la injusticia capitalista es que cuando tengo trabajo tengo que hacer números para poder follar aunque tenga novia. El follar por la noche es precisamente esto, un ajuste por imperativos de trabajo, pero en realidad es mucho más sano y menos cansado hacerlo por el día. Creo que la diferencia entre ricos y pobres es ésta. Un malsanamente millonario puede ir a un burdel caro en limusina a cualquier hora del día y trincarse a cuantas chicas cobren por aguantarle, o llamar a una prostituta de lujo; pero la gente de mi nivel tiene que decidir si está demasiado cansada al llegar a la cama, o si ese día no hará otra cosa más que follar toda la tarde -que tampoco es mala idea y es gratis-. Así que el follar es un objetivo político fundamental, y al mismo tiempo la mejor de las diversiones anticonsumistas. En la lista le siguen el bailar, cantar o tocar un instrumento, hacer deportes sencillos al aire libre, o simplemente hablar con amigos. Porque las reivindicaciones políticas y sindicales, y todas las acciones en las que uno se revuelve contra aquellos que deciden por los demás de forma cruel, son la lucha por el derecho a la felicidad. No tiene sentido que sea por dinero. El dinero se consigue, en nuestra sociedad, empobreciendo a otros, así que la izquierda más sincera del mundo no puede conformarse con mejoras salariales, precios bajos, y todas esas cosas que nos convierten en burgueses exigentes y que se consiguen explotando en sus propios países a africanos, sudamericanos y asiáticos. De tener que escoger, dejaría de ir a un concierto de una gran estrella del rock en un estadio con miles de watios de luz y sonido, miles de personas que no se conocen, miles de pesetas por el precio de la entrada... y me lo pasaría en grande en un concierto de un grupo en un bar donde acabemos liándola parda y sudando como posesos. Mejor aún preferiría que tocasen dos grupos, y que uno de ellos fuese mi grupo para poder aportar unos buenos crujidos de guitarra sucia no profesional con mis dedines que se van a comer los gusanos algún día.

Te recomiendo leer este libro: digamos que habla de por qué el sistema económico es un fraude y de sugerencias de maneras de ser feliz gastando lo menos posible y ganando amigos.

Recomiendo también esta web, aunque no la exploré mucho todavía tiene una pinta cojonuda:

LOREGALO.com
: gente que regala o intercambia cosas que no utiliza.

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1 comentarios:

  1. Uno de mis post preferidos Jose, como siempre un placer leerte

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