
El problema del aborto no es un problema moral, sino económico. Como ecologista y amante de la vida yo preferiría que nadie abortase, pero mientras exista el sistema capitalista o uno similar y todas sus injusticias intrínsecas, en muchos casos no puedo permitirme creer que se le pueda negar a una mujer el derecho a decidir sobre su vida. La iglesia y los llamados "pro-vida" son injustos echando sobre la mujer embarazada individualmente toda la responsabilidad moral y existencial de su decisión. La mujer que considera el aborto como una opción lo hace a partir de todo un entramado cultural que excede las circunstancias de su caso personal y lo condiciona.
Hoy en día incluso las parejas que tienen una economía medianamente estable (por llamarlo de alguna forma) tienen dudas y postponen todo lo necesario el tener hijos, y muchas no suelen tener más de dos. Por una parte, ser padre es un trabajo sin descanso que interrumpe casi cualquier otro plan. Por otro lado están los factores económicos: mucha gente simplemente no puede permitirse ser padres. Entre otros muchos factores, ser padre implica que no puedes cambiar de trabajo alegremente o quedarte en paro despreocupadamente. Y dado que la mayoría tardamos en conseguir un trabajo que no nos amargue la vida, ni siquiera sería justo tener hijos en ese estado de ánimo. Si las parejas que tienen trabajo tienen dudas para tener hijos, está clara cuál sería la comparación con las que no lo tienen.
El aborto debe ser aceptado al menos como idea en los casos en que el feto pueda presentar malformaciones serias. Creo que éste y los económicos son los motivos fundamentales para ello. Luego hay otros motivos que yo pondría aparte pero que han de ser incluidos en la lista mientras sigan siendo el pan de cada día de la vida en el sistema. A saber: los casos de inmadurez de la madre y los casos de violación. Explicaré por qué creo que son una lista diferente de motivos: es, como digo, porque conllevan que las reglas del juego social son poco condescendientes con las excepciones, no por las excepciones en sí, sino por la estructura de nuestras relaciones, entre adultos y nuestra relación con los niños. Pero antes de explicar este punto en relación a los casos de inmadurez o de violación quiero proponer una idea para que me entendáis:
Una de las características del sistema capitalista es que individualiza la derrota en el campo social, puesto que el mercado capitalista es una competición -competición, por cierto, que no empezó en igualdad de condiciones, borrando el tablero y barajando todas las cartas desde cero, sino que partió de situaciones previas que aún tienen inercia-. Si una madre tiene un hijo en situación de pobreza, es enteramente su problema, salvo algún tipo de ayuda social. Esta ayuda, por cierto, significa una condescendencia de un sistema que impone unas reglas de competición. En un mundo humano completamente coherente, todo niño nacido debería de ser poseedor de lo necesario para su crecimiento sin excepción independientemente de los problemas de sus padres. En nuestro mundo, los nacidos heredan o bien la riqueza o bien la pobreza de sus padres. Lógicamente la responsabilidad de criar a unos hijos cuyo nacimiento ha sido planificado o bien recibido por sus padres es de ellos. Pero en otro plano, como especie, todos los hijos son de todos. Si no lo pensamos así es un signo de que la cuestión jerárquica animal aún tiene mucha importancia en nuestra mente. En otros posts hablé de esto, de cómo un biólogo explica que la jerarquía en humanos y resto de primates es un reparto de la tranquilidad o la preocupación (mayor escalafón=mayor tranquilidad para las decisiones y menor estrés metabólico), y también hablé de cómo el sistema capitalista se basa en ello (es para lo que se trabaja y compite). Es decir, la economía capitalista de competición es una jerarquía en la que las posibilidades de sobrevivir de uno o su descendencia dependen de sus victorias en el campo económico. Así pues, nunca podemos ser completamente coherentes con nuestras proclamas de derecho a la vida mientras no estructuremos un funcionamiento económico que elimine esas diferencias jerárquicas, que en nada se distinguen de las de otros animales que vemos en los reportajes de la 2, y que nos parecen tan crueles e ignorantes. En la vida cotidiana, muchas veces renunciamos a hacernos socios de una ONG simplemente porque no tenemos pasta (yo no soy socio de ninguna). Esto es una decisión de unas pocas decenas de euros al año, que incluso un parado y un estudiante pueden plantearse, pero tener un hijo supone necesitar un sueldo completo para al menos 20 años. Me pregunto si en las campañas de la iglesia está la intención de fondo de que al tener tantos hijos el sistema se vuelva compasivo con todos ellos y cambie, pero me parece que esto es sólo idea mía y ni siquiera la veo.
En una sociedad ideal, si una madre no puede cuidar un hijo, inmediatamente alguien lo cuidaría. No tras una complicada inspección y papeleos. Tampoco por una decisión forzada de corazón de algún familiar. En una sociedad ideal, donde la economía no estuviese creada para preocuparnos sino para mantenernos, cualquiera de nosotros cuidaría a los hijos de sus amigos en cualquier momento, adoptaría a un niño sin esfuerzo, porque no existiría tal esfuerzo. Hasta tal punto, que ningunos padres tendrían necesidad de que otra persona cuidase a sus hijos. Incluso si su embarazo fuese fruto de una violación (violación no del mismo modo posible en una sociedad sin nuestros roles y tabús sexuales y sin nuestras presiones económicas) la madre y la sociedad en la que viven deberían poder cuidarlo, no sólo económica si no también moralmente. Eso sería lo ideal, pero lo cierto es que es difícil que nos lo podamos permitir, ya que en situaciones menos retorcidas no somos capaces de aclarar las cosas y convertir lo positivo en negativo.
Antes dije que esto de cuidar los hijos como hijos de todos tiene que ver con nuestra estructura de relaciones: en una sociedad diferente, el concepto de madre no necesitaría ser exclusivo aunque fuese cierto; el concepto exclusivo de madre, o de padre, es un residuo económico y de acotación de responsabilidades que en nuestra sociedad no deben ser compartidas. Cada uno con lo suyo que la vida ya es muy complicada. La cuestión es que la vida no debería ser tan complicada. El pecado no es el aborto, sino el sistema capitalista. Todos los hijos son de todos, y cada año mueren miles de ellos tras haber salido de los vientres de sus madres. Algunos mueren de niños, de hambre o asesinados. Otros mueren ya siendo adultos, en guerras, de hambre, asesinados, o en accidentes de tráfico para ir a trabajar o para correr a divertirse o de vacaciones, huyendo de la rutina del trabajo por la supervivencia y la cultura hueca por falta de tiempo para ser el artista que todo humano lleva dentro. Otros mueren a manos de delincuentes que se ven obligados a robar o a matar para sobrevivir en esta jerarquía. Por lo tanto el problema no es si tener o tener los hijos, sino qué hacemos con ellos luego, qué hace el mundo con ellos. La iglesia niega también el derecho a usar anticonceptivos (y el derecho al placer), por lo que supone que tengamos más y más hijos...¿sin saber aún convivir los que ya somos? Una vez más, defiendo que menos es más.
Desde cierta lógica, si no hay riesgos para la salud, quizá ninguna mujer rica debería abortar. Pero el problema de criar a un hijo no es sólo económico, sino también afectivo. Más, como comento, nuestros problemas personales, de estrés y afectivos dependen de nuestro lugar en la jerarquía. Nuestra situación y facilidades para eliminar problemas facilitarán que estemos menos preocupados y más afectuosos. De eso se trata en principio la búsqueda de riqueza, y por eso desde siempre las clases altas pagaron a sus artistas y músicos para que les alegraran y entretuvieran. Y de forma complementaria, por el eso el punk, el hip hop y similares formas de rock inicialmente suburbanas acostumbran a mostrar rostros serios e intimidantes en buena parte de sus presentaciones. No se pueden tener hijos cuando no se está seguro de que si se puede permitir darles la felicidad que necesitan. Esta frase es un tema muy interesante que tiene toda la miga del mundo y por la cual podríamos plantearnos cambiar el mundo de arriba a abajo.
La iglesia ha lanzado una agresiva a la par que ingenua campaña contra el aborto y contra los ecologistas. Ciertamente no sugiere que no haya que proteger al lince, aunque sí permite ese terreno farragoso en que se acorrala la ética para hacerla escoger entre humanos o animales. ¿A quién quieres más, a papá o a mamá? "No se trata de escoger entre el humano y el animal, no se trata de salvar a uno y dejar al otro: son los dos" decía un científico en un vídeo crítico con la experimentación cruel con animales. Yo estoy de acuerdo con la iglesia: no se debería abortar. Pero estoy de acuerdo con los anarquistas: todo debería ser diferente.
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martes, 31 de marzo de 2009
Un aborto de campaña
Etiquetas:
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Publicado por
Jose García Carrera
en
16:45
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