sábado, 10 de enero de 2009

Navidad en el Corte Inglés.


Ay, la Navidad. Esa Extraña época del año en que de repente, como cuando los animales entran en celo provocado, los seres humanos de varios países se acuerdad de practicar especialmente el espíritu Aloha y repartir regalos, bendiciones y sonrisas, como si hubiera un plazo de varios días para no perder esta oportunidad. Trabajamos tanto todo el año y no sabemos para qué, que puntualmente organizamos un éxtasis.

Encender la TV en navidad puede ser según lo mires. Echan un alto porcentaje de películas que podríamos clasificar talmente de "agradables". Ese tipo de películas que si no lo hacen antes, se ponen pedantes en los últimos minutos. Un exceso puede ser un asco. Aunque tal como está el mundo, y con el empeño que tienen los telediarios de mantenernos en tensión (que no bien informados), pues se agradece. Pero desde hace tiempo me pregunto porqué tenemos que ver tantas y tantas películas de Hollywood, como si fuera nuestra cultura oficial. Parece mentira que seamos europeos. Yo no entiendo bien a los yankees. Son otra cultura, como los japoneses o los rusos; países lejanos con otra forma de vivir y y otras formas de gestionar las emociones. Si normalmente no termino de entender bien la cultura yankee porque no la conozco, e incluso a veces me parece un poco tonta, en navidad podrían llegar a exagerarse los síntomas. Los adultos en general parecen creer que los niños son tontos, al mismo tiempo que creen que lo entienden todo. Si sumamos ambos factores, más el poner un alto porcentaje de pelis de un solo país, ver la tele en Navidad puede ser triplemente tonto. O cuádruplemente tonto, si insistiéramos en la mezcla de repentina epidemia de espíritu aloha abandonado el resto del año, y desaforo comercial multiplicado.

Afortunadamente todo esto es al fin y al cabo agradable y positivo. De no ser así, puede que mucha gente reventara si la estética cultural fuese del mismo serio que el resto del año. Aunque quizá nos conviniese que de vez en cuando no se pudiera evitar reventar. Los grupos anticapitalistas podrían tener en cuenta que sabotear el fluir de estética en navidad podría ser un buen medio para forzar que la conciencia social enervara al límite a la población. De no ser todo tan alegre, luminoso, colorido y sonriente, a lo mejor nos dolía más gastar tanto dinero en tan pocos días, y comer tanta comida pesada (y cara), con esas digestiones que parecen durar días, y que, no, beber más alcohol no las acelera. Cuando se habla de angula no puedo evitar pensar en dos cosas: primero, cómo es otro ejemplo de agotamiento de recursos y desestabilización de la biodiversidad. Hace no mucho más de 100 años, puede que menos, las anguilas eran tan abundantes que la angula se utilizaba como abono y para alimentar a los cerdos. Lor granjeros las recogían por kilos. Eso me hace preguntarme con una sonrisa la segunda idea: ¿es que conforme avanza el progreso, los ricos comen más parecido a los cerdos?

Otra cosa que me pregunto es sobre el significado del regalar. Es difícil esclarecer la frontera entre lo acertado y lo equivocado de la tradición de llenar a los niños con regalos. Para empezar evidentemente mimar mucho al guajerío no es conveniente del todo. No todos terminan de crecer entendiendo que en todas las religiones y culturas hay un ejemplo del dar. En la nuestra podrían ser los reyes magos. Aunque la versión "cuento de niños" (los adultos suelen pensar que los niños son tontos), como la versión pop de las cosas, nos da una imagen de ellos que nos vuelve más egoístas: ellos eran unos hombres ricos y poderosos que quisieron hacer una ofrenda a un supuesto niño santo; para nosotros ahora son los encargados de regalar a diestro y siniestro. Eso les pasa por buenos. Afortunadamente aún mucha gente recuerda que en navidad hay que practicar el regalar, y no el pedir. Aunque a menudo regalamos por compromiso. Se cumple el plazo, me he olvidado de regalar en todo el año, el Corte Inglés me lo pone fácil para que no se me olvide en la recta final de la apoteósis.

Otra gran confusión a través del tiempo es la del árbol de Navidad. Antiguamente por lo visto esa costumbre era la de ir a adorar a los árboles, poniéndoles adornos, venerándolos. En el peor de los casos actualmente esa costumbre es todo lo contrario: adornarnos a nosotros mismos (nuestras casas), con un trozo arrancado de un árbol, que aún podemos verlo como una poda festiva, pero aún pero es cuando se compra un árbol entero para tirarlo a la basura después de la navidad. Hay gente que siente el placer de regalar en lugar de pedir regalos, pero no creo que haya muchos que sientan el placer de ir a abrazar un árbol en lugar de cortarlo. Son cosas muy humillantes para un homo consumistis normal.

Una de las cosas que más me ha fastidiado de la Navidad de este año ha sido la agresión judía al pueblo palestino. Parece mentira que se llamen judíos, quiero decir que parece mentira que sea un pueblo que lleva el nombre de su religión.

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