En este post: ilustraciones de Nanocartoon
Esto quizá no sea una tercera parte sino más bien una suerte de epílogo. De todos modos voy a ir terminando con esta serie, porque empezaba, o bien a repetirme, o bien a profundizar demasiado en temas que requieren otro tratamiento que no sea mi blog por ahora. Voy a comentar una serie de ideas que me han acompañado y surgido a lo largo de las últimas reflexiones y las sensaciones dejadas por las noticias cogidas al vuelo sobre la crisis financiera. Pero ahora voy a meterme en conceptos mucho más radicales sobre cómo pienso que podrían ser algunas cosas fundamentales. Mi propuesta más difícil sobre reflexión política, ya en una -de muchas- utopía personal.
Comenté sobre la sostenibilidad y la independencia agraria (aka soberanía alimentaria) como principios básicos que debería seguir cualquier gobierno. Existe una corriente de economistas que intentar definir a la economía como parte subordinada del ecosistema, en contraposición a la idea utilitarista al uso que considera los recursos naturales o bien tierra de nadie, o bien productos supeditados a tasación y compraventa. ¿Cómo podemos obviar que la economía es la ciencia surgida de nuestra necesidad de contar e inventariar los recursos para administrar nuestra supervivencia? De esta idea debe surgir una cultura de la economía y el desarrollo siempre atentos a los cambios del ecosistema, no como ahora que el ecosistema y la sociedad tienen que temblar con los cambios de la bolsa. La sostenibilidad agraria es posible. Se ha dicho que existe producción de alimentos suficientes para alimentar a toda la población mundial. Lo que no existe es un sistema de mercado justo. Por ejemplo en España los agricultores y ganaderos tienen prohibido por cuota exceder cierto límite de producción. A mí me suena bizarro que se prohiba producir alimentos; seguramente responde a retorcidos cálculos para mantener ciertos parámetros de nuestro capitalismo, que a bote pronto se me antoja que serán los de mantener el expansionismo de los negocios, y en último término la larga cadena piramidal de la producción. La agricultura en España produce sólo el 60% de lo consumido en nuestra tierra; podría producir el total, si a ese 60% le sumamos lo prohibido por las cuotas y las cantidades que se desplazan en exportaciones. España podría ser independiente en lo alimentario. Por qué los alimentos se venden en otro país, y donde se producen se compran los de otros es una especie de misterio de las entelequias del capitalismo. Quizá lo justifiquen con que el proceso de exportación da un gran número de puestos de trabajo, pero para mí eso es ignorar la fuente radical del concepto: si la producción local de alimentos es potencialmente suficiente, se reducen los motivos de creación de puestos de trabajo para importar alimentos. En esencia, debería reducirse la jornada laboral para estos trabajos, ya que no existe una inseguridad sobre su presencia. La cultura de la jornada agraria intensiva podría ser cambiada por otra de jornadas reducidas, medias jornadas o eventuales. ¿A qué necesidad debería responder el haber jornadas completas con completa dedicación cuando sobran alimentos producidos? (Y no digamos si aplicásemos los sistemas de Masanobu Fukuoka o de Wes Jackson). Esto sería la solución a una antigua preocupación de campesinos y trabajadores: la seguridad alimentaria no reñida con una vida liberada. El capitalismo no ha resuelto ese problema, sólo nos ha dado servicios para hacer llevadera nuestra dependencia en la pirámide ("jaulas más grandes, cadenas más largas"): en los orígenes, la revolución industrial reducía la necesidad del trabajo forzoso gracias a las máquinas, pero hasta ahora se ha negado a proponer la desaparición de la institución del paro, lo cual es contradictorio: responde al hecho de que la riqueza vaya hacia arriba en la pirámide, antes que repartirse. Esta contradicción es el principio del capitalismo: la falacia de la inseguridad, y junto a ella, la justificación del lucro desmedido. Todo el mundo quiere hacerse rico: los de los escalones bajos y medios, para mejorar su situación. Pero, sin embargo, por otro lado podríamos pensar ¿y por qué no cambiar la regla por la cual quiero ser rico? Querer ser rico no es una aspiración humana profunda: es un deseo funcional, basado en la inseguridad. Un deseo funcional mientras exista un sistema piramidal y una institución llamada paro. Pero si cuantificamos los recursos disponibles, tanto alimentarios, como monetarios, o tecnológicos, caemos en la cuenta de que existe más que suficiente varias veces para todos los seres humanos, no sólo ahora sino en varias generaciones. Por lo tanto la pobreza en sí no existe, sino las situaciones de pobreza: es la estructura piramidal lo que la provoca. De lo contrario, de no existir el escalón más bajo, no existiría la pirámide. Por lo pronto, esta pirámide existe, sin que exista su necesidad.
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Dentro de utopías necesarias hemos de hablar del control financiero desde el estado. Yo no soy sovietista ni castrista, pero el control financiero por parte del estado es una idea que si la miramos bien no puede ser negada. Es la expresión de la idea anterior: la economía supeditada a la cuantificación científica de los recursos disponibles. Sin intervención oficial y de la soberanía del pueblo, el valor queda al servicio de una subjetividad demasiado interesada, eso ahora ya lo empezamos a comprender a tenor de los hechos. Y con ese valor subjetivizado e interesado, el mercado, la industria, la producción, el mercado laboral, las costumbres colectivas, el consumo, y finalmente las preocupaciones políticas, quedan adulteradas. Los magnates neoliberalistas dirán que no es culpa suya y que en todo caso los males provocados son violencia estructural. Bien, entonces cambiemos la estructura.
Deberíamos tener leyes que determinasen de un modo más firme cuáles deben ser las pautas de la industria, porque a fin de cuentas estamos hablando de producción de útiles para la vida. Hemos de redefinir la utilidad, primeramente en base a criterios ecológicos. Si además entendiéramos una actualización del concepto de trabajo similar a lo que estoy tratando de exponer, el concepto de necesidad (la técnica y la económica) también quedarían trastocados. Por lo tanto nos queda pendiente como civilización y como época una redefinición de las motivaciones industriales por muchos motivos.
Dentro de estas leyes o medidas, aún sin que se llegase a un cambio como la utopía de la que saco estos párrafos, yo incluiría algunas como estas (por los motivos de los anteriores posts, y para repetirme con un resumen):
-Abandono de la producción de coches de combustión interna y obligación de centrar la industria en los coches eléctricos.
-Sustitución de la producción de energías por las renovables a nivel localizado. Creación de puestos de trabajo en torno a esto. Búsqueda de la independencia energética.
-Limitación de las exportaciones de alimentos y desaparición de las cuotas de producción. Localización de la agricultura, que debe ser ecológica.
Y además, me permito aspirar (aún no he decidido si para esta vida o para una próxima si la he de vivir) a medidas que pueden parecer o ser "comunistas":
-Definición del umbral de la riqueza y limtación de la herencia. De forma análoga al concepto de umbral de la pobreza, existe un punto a partir del cual varias generaciones descendientes de una persona poseedora de fortuna tienen el futuro asegurado. Me atrevo a decir que en la actualidad debería existir, junto al derecho a prosperar y enriquecerse, un límite. Más allá todo lo obtenido debería repartirse aunque fuese una pequeña parte. ¿Tendrían algo de que preocuparse por sí mismas las personas o empresas que poseen capitales superiores al PIB de países enteros? Es vergonzoso que existan esas cifras y en el mismo mundo las cifras de la pobreza y el hambre, que podrían solucionarse con sólo una parte de lo que se ha destinado al "rescate financiero".
Hace tiempo que tengo el brote de un concepto diferente de la "herencia": En una lógica de los recursos y de los derechos humanos, ningún niño nacido debería cargar con la situación social de los padres. A tenor del inventario mundial de riqueza existente, todos los niños del planeta deberían disponer de una educación de igual calidad, de atención sanitaria y alimentaria de igual calidad. Que luego sus padres quieran hacerse ricos o arruinarse, sea cosa personal, ya son adultos, pero que no afectase a los niños, que han nacido sin saber a qué mundo venían. Es una idea similar a la de que jamás debemos adoctrinar a un niño en una ideología o una religión, pero a un nivel mucho más fundamental. La pobreza es violencia estructural injustificada.
La medida radical y "comunista" de controlar ciertos parámetros de la riqueza desde el estado, podemos entenderla, si queremos, como un atentado a la propiedad privada, o incluso como una desestabilización del mercado. Yo, que de economía entiendo lo justo y más bien poco, creo que una medida así minimizaría el significado de esos "problemas", por lo que que expliqué en estos párrafos. Mediante la distribución obligada, la desaparición del hambre, las guerras y la necesidad de competir en el mercado, significaría la estabilización social, y por lo tanto una actualización de la motivación del lucro. Si el respeto y la misericordia no fuesen asignaturas de relleno, deberíamos emprender un proceso así por el cual finalmente la cultura del deseo funcional del lucro, las preocupaciones económicas, la inestabilidad política por motivos de recursos dejasen de ser parte "normal" de la vida. Porque existen los recursos suficientes para hacerlo. No es que los ricos dejasen de ser ricos, sino que dejarían de necesitarlo:
Todos los seres humanos tenemos primero la necesidad de alimentarnos y de asistencia sanitaria (hemos dicho que existen los recursos), y luego las necesidades culturales, pertenecer a una comunidad que nos proteja y nos permita ser felices, y convertir finalmente nuestra mente en amor. Esa es la vida humana. O esa debería ser si no existiesen impedimentos estructurales para mucha gente. Esa felicidad es lo que desea una persona cuando intenta hacerse rico: no desea más dinero en el fondo, de lo contrario es confundir el medio con el fin; como decía arriba, querer ser rico no es una aspiración humana profunda, es un deseo funcional. Y confundir el medio con el fin es una enfermedad del conocimiento.
Si preguntásemos a alguno de los hombres más ricos del planeta "si con una mínima parte de su patrimonio pudiera hacer desaparecer el hambre y las guerras más importantes, ¿lo haría?", quien dijese que no, hablemos en plata, sería lo que en España llamamos un grandísimo hijo de puta (con perdón de las prostitutas). Incluso sin hacer esa petición, por ejemplo la liberación de las tecnologías de los coches eléctricos o la explotación industrial del cáñamo son cosas que podrían haber cambiado el mundo -así como suena- hace décadas. ¿Por qué no se aplican?
El capitalismo no está pensado para acabar con la pobreza. Está pensado para crear riqueza, pero en un conjunto entendido como un todo, ganancia implica pérdida por otro lado. Dentro de las teorías económicas, capitalismo y comunismo no son las únicas que existen ni las únicas posibles. Tampoco ambas son exclusivamente aplicables como las conocemos (p.ej. sovietismo y neoliberalismo), sino que podemos concebir muchas diferentes gradaciones. El comunismo y otras formas de socialismo, vienen mostrando fracasos porque están concebidos para afrontar al final la ingente tarea de redefenir los mecanismos del deseo del lucro. Y el capitalismo viene fracasando porque no se ha propuesto redefinir esa tarea. Una teoría económica sensata (dejemos de ser humanos a medias en los pensamientos importantes escondiéndonos bajo las faldas de ideologías) tiene que proponerse francamente la igualdad social a todos los niveles, la desaparición de la pobreza y el hambre, la desaparición de la necesidad de jerarquías, la garantía de independencia de las comunidades de cualquier tamaño, y el consumo dentro de parámetros sostenibles previsibles. Sin esos principios, puede ser cualquier cosa menos una teoría económica para la sociedad humana. Puede ser un plan de lucro, una conspiración de mercado, o una imbecilidad obsoleta, pero no alcanza a ser una ciencia basada en principios básicos de la realidad de la vida humana en la Tierra.
Bueno y por ahora termino esta serie sobre reflexión política. Creo que ahora comprenderéis porque no suelo escribir ni hablar sobre estos temas: mi discurso no sigue los ritmos al uso.
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sábado, 15 de noviembre de 2008
La dieta como concepto político (III)
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Jose García Carrera
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jueves, 6 de noviembre de 2008
La dieta como concepto político (II)
En el anterior post hice un resumen de las costumbres básicas de consumo que se incluyen entre las políticamente efectivas para crear cambios justos y ecológicos, ya que la industria es una de los principales obstáculos para la independencia de los gobiernos y una de las principales fuerzas en el diseño de estilos de vida al poseer tácticas para transformar el mercado. Las que nombré son más o menos las típicas que sabe casi todo ecologista o seguidor del movimiento antiglobalización.
Ahora quiero comentar cuáles podrían ser otros sistemas de consumo que no conocemos, y sugerir cómo sería la vida con ellos. Algunos de ellos los hemos oído sólo en forma superficial, y no conocemos su verdadero desarrollo tecnológico, ni las implicaciones políticas que conllevarían. Con este post voy a sugerir que una activismo por la transformación del consumo no sólo no sería, como cree mucha gente, una política de la humildad sin ventajas a cambio, sino que tiene mucha más significación política a todos los niveles, que lo que conocemos. Pero funciona a otro nivel : se enfoca al hecho de diseñar y probar métodos de viabilidad de la justicia y la ecología, y supera la cuestión de las ideologías. Vayamos a las técnicas pues:
Os comenté que existen diseños de casas capaces de producir su propia energía eléctrica y para calefacción. No es cierto que con energías renovables esto no pueda hacerse. Además del sistema eléctrico y calorífico (o ventilador en el caso de los países cálidos) hay que contar con que los materiales de construcción y los aparatos domésticos escogidos pueden incrementar el ahorro. Ciertos diseños puestos en práctica y funcionando en lugares fríos e incluso habitualmente nevados, son una combinación de todo esto llegando a liberar completamente las facturas energéticas. La implicación social y política de esto es evidente: un respiro a nuestros sueldos para toda la vida. La construcción de este tipo de casas puede normalmente resultar muy cara, pero el ahorro amortiza con creces. Como os decía, es más que probable que algunos bancos lo tengan en cuenta para conceder el crédito para la obra. La implicación ecológica de esto también se hace notar: aminora la dependencia respecto a las grandes centrales de producción de energía. Esto también es un efecto social, pues al reducir su valor, su poder especulativo en bolsa descenderá. Para conseguir esto no basta con las placas solares, sino que hay que conocer varios sistemas como el tipo de paredes y ventanas, aislamientos, la propia forma y estructura de la casa, ciertos tipos de electrodomésticos, sistemas de agua, todo ello convierte la casa en un sistema integral de producción y ahorro. Además de las placas solares existen otro métodos aplicables para la electricidad como la energía geotérmica y los aerogeneradores independientes (que deberían sustituir a los macromolinos). Otro tema a plantearse es un método alternativo para las placas solares: que la casa, en vez de una red de corriente alterna de 220V, la tenga de 48V continua. Para la mayoría de aparatos esto sería más que suficiente, fácil de producir, y sin peligro. El problema por ahora es que no existe producción industrial de electrodomésticos con esa adaptación, aunque un electricista podría modificarlos. Esta idea es muy buena para los países en que aún no se ha creado una red eléctrica grande ni un mercado de electrodomésticos importante.
En cuanto al tótem del coche, hemos de empezar por comprobar que la industria automovilística ha venido practicando la obsolescencia programada sin cortapisas. Existen diseños de automóviles que pondrían en evidencia al más "ecológico" de los recién salidos al mercado. Por qué no se venden es un misterio. Esto en cuanto a los coches de combustible fósil, sin embargo existen desde hace más de 10 años coches eléctricos completamente competitivos. En 1996 General Motors produjo en serie coches eléctricos que alcanzaban los 100km/h en menos de 9 segundos (vedlo en la foto recargando en un garaje de California). Pero sólo se alquilaron, nunca se vendieron, y dejaron de producirse. Varias multinacionales llevaron a cabo prácticas parecidas. Si cada ciudadano pudiese hacerse con uno de estos coches, las implicaciones serían importantísimas: no serían más "necesarias" guerras como la de Irak, ni vertidos como el del Prestige, ni que en algunas ciudades haya que salir a la calle en mascarilla. Además, un coche así sería más barato de mantener, y por lo tanto nuestro trabajo ya no sería tanto para el banco. Sin duda queda claro que la importancia de estos coches también alcanza a los lobbys petroleros, y probablemente haya sido su presencia lo que haya impedido su expansión. Pero además de coches eléctricos también existen otros como los de hidrógeno. No es cierto que no estén suficientemente desarrollados, y, de haberse producido en masa, la demanda hubiera hecho avanzar aún más su diseño.
Otro punto fundamental del consumo es la alimentación. Es necesario reducir el consumo de carne. El habitual consumo excesivo en los países ricos tiene efectos perjudiciales para el medio ambiente y sobre la distribución de alimentos como os comenté en el anterior post. Si tu costumbre es la de comer poca carne, para empezar estarás más sano y con el bolsillo más aliviado. Pero además habría que reconvertir todo el sistema agrario a una nueva forma de granjas familiares ecológicas. No es cierto que esto no pueda proveer perfectamente a toda la población (tampoco es cierto que el actual sistema no pueda alimentar a todo el mundo; es el mercado el que no puede). En cuanto al precio de los alimentos biológicos, para empezar si el mercado está más consolidado los precios bajan -por eso vemos productos alemanes u holandeses de este tipo en nuestras tiendas, nos llevan años de ventaja-. Tampoco es cierto que estos sistemas lleven siempre más trabajo. Algunos lo llevan y otros no. Los desarrollados por los científicos Masanobu Fukuoka en Japón por un lado, y Wes Jackson en EEUU por otro, según sus propias palabras permiten "no hacer nada" mientras los alimentos crecen, sin utilizar herbicidas ni otros sistemas caros y perjudiciales. Por lo tanto existen motivos para decir que podemos tener al alcance una auténtica revolución agraria, que entre otras cosas, también permitiría mantener el precio de los alimentos mejorando su calidad y cantidad.
Pero en este tema de la alimentación hay que ir más allá. Incluso si se redujesen los precios de los alimentos eso no debería ser el problema para el mercado ni para los sueldos de los agricultores (sobre esto explicaré más adelante también). En realidad también hay que contar con consumir solamente alimentos producidos en nuestra región, pues de lo contrario ya no resultan ecológicos. Esto debe significar que deben frenarse las exportaciones de alimentos, y que toda política debe encaminar a cada país a la independencia alimentaria. No puede haber estabilidad sin ella. Por lo tanto, para empezar, se favorecería la desaparición del hambre y la ruina de los campesinos en los países más pobres, y por otro habría que aumentar los puestos de trabajo agrarios en los países ricos. Actualmente la política es la contraria, y se fomenta una agricultura industrializada, desnaturalizada, que para empezar da trabajo a cada vez menor número de personas y con peores sueldos, para vender a grandes distancias, y además produce un tipo de alimentos mediocres, estropea el suelo de cultivo, y soluciona los problemas de producción (es decir, de mercado) con fertilizantes químicos, pesticidas, modificaciones genéticas y otros sistemas de desnaturalización. El sistema de Fukuoka por ejemplo, produce alimentos con del doble de calidad y en el doble de cantidad que la agricultura normal. La venta de alimentos a grandes distancias, además del problema que genera el transporte, permite prácticas desleales como las exportaciones a bajo precio que arruinan a los campesinos de los países receptores. Los defensores del neoliberalismo dicen que es una buena herramienta contra el hambre, pero ¿cómo, si por ejemplo en Sri Lanka se suicidaron miles de campesinos llevados a la ruina? La solución contra el hambre es difundir sistemas de cultivo que ahorren trabajo y no hipotequen la calidad del suelo, y con el fin de que los alimentos producidos sean comercializados sin salir del país. Si a esto le añadiésemos los coches eléctricos, la exportación de alimentos para creación de biocombustibles también se detendría.
Como en los alimentos, el mejor consumo de otros productos como la ropa por ejemplo, debería hacerse en cercanía, es decir, de productos fabricados con puestos de trabajo de la comunidad donde se compran. Si al reducir las exportaciones innecesarias se reducen puestos de trabajo derivados del comercio, se crearían en la producción localizada. De este modo, los empleos no estarían enfocados a mejorar el mercado primero y la sociedad después, sino al contrario: al estar la producción centrada en lugares, las innovaciones serían más de calidad que de cantidad. En cuanto a si todo esto frenaría el libre mercado tal como lo conocemos, pues por supuesto que sí. Pero conllevaría un concepto de producción para las necesidades sociales. Por ejemplo, una granja familiar en Brasil de 1ha da trabajo a 5 personas, mientras que 4ha de eucaliptos sólo dan trabajo a una persona.
Como alternativa importante también os nombro al cáñamo. Mucho se ha escrito sobre las posibilidades probadas de esta planta, que muchas empresas ya empiezan a llevar a cabo hace años, pero quizá no se ha difundido lo suficiente. No existe excusa técnica para decir que el cáñamo no pueda sustituir a la madera en la producción de papel, cartón y materiales de construcción, al plástico y aceites fosiles, al algodón en la vestimenta, e incluso podría servir como alimento. Y en este caso tampoco es cierto que no tenga las prestaciones de sus competidores, lo que falta es adaptación de la industria. Os recomiendo leer al respecto.
Como sugiero en el párrafo sobre los coches y el petróleo, si se generalizasen prácticas de consumo consciente como éstas, la demanda consciente presionaría a las empresas a cambiar de pautas. Por lo tanto esto es muy importante. Pero podemos llegar más allá. Y atención porque esto significaría la forma más efectiva de cambiar el mundo que hayáis oído en mucho tiempo.
Primero, si cada persona tuviese un coche eléctrico en lugar de uno de combustión interna, y una casa que fabrica y acumula su propia energía en lugar de una que la derrocha, y comprase alimentos en su comunidad cercana en lugar de exportados, como primer logro, estaríamos creando un modelo de bienestar que podrían copiar todos los países en vías de desarrollo. Porque si todos los países que se espera vayan mejorando quieren copiar el destructivo sistema de consumo occidental, estaremos muy en peligro. Si cada hindú quiere un coche, cada chino quiere un coche y cada sudamericano quiere un coche, el cambio climático será rapidísimo y gravísimo. Por lo tanto la implantación de los coches eléctricos debe ser una de nuestras principales demandas.
Por otro lado, mucha gente ahora no esta dispuesta a embarcarse en un empleo agrario. Esto es debido a la nefasta política europea y estadounidense sobre el campo. Introduciendo las mejoras del tipo Fukuoka o Wes Jackson, la agricultura puede dejar de ser un trabajo duro y endeudado. Pero además con las tecnologías citadas, dejaría de ser lo contrario a vivir en la ciudad, y por otro lado, con la reducción de facturas que éstas suponen, también puede ser un motivo menos de desconfianza. Si todo esto se aplicase a la vez, mucha gente de cualquier país podría plantearse con libertad irse a vivir al campo y allí desarrollar redes estables de producción, consumo y estilo de vida sano y moderno. Además, estas redes efectivas localizadas, reducirían ciertas necesidades de consumo como por ejemplo tener un coche.
Pero no acaba ahí la cosa, y es aquí donde digo que un consumo consciente puede cambiar el mundo: se trata de la herramienta que puede desmoronar el poder de los lobbys que diseñan nuestro futuro, no sólo desde un frente sino desde varios de forma exponencial. El tener una casa energeticamente independiente, un coche que no depende de la producción de petróleo, y una producción agraria cercana, nos haría dar tres pasos más hacía la igualdad y la estabilidad social: uno: el poder disponer de todo lo necesario de forma organizada y sin depender del mercado internacional. Dos: el disolver poco a poco el poder de los grandes lobbys comerciales en las áreas energéticas, automovilísticas, alimentarias e inmobiliarias. Y tres, el crear un estilo de vida más independiente, que permitiera a la gente vivir con menos agobios: esto conlleva poder permitirse escoger mejor tu trabajo, en lugar de conformarte por lo que te ordenan tus facturas. Lo cual sería otro punto menos de beneficio para los lobbys.
Esto es un diseño de un nuevo estilo de vida, que además, nos llevaría a una democracia más efectiva. Si nuestros agobios económicos fueran menores, y nuestro funcionamiento productivo en general más localizado, nuestra participación política sería más aliviada y menos presionada por fuerzas mayores que las redes de producción y consumo. Y esto además significaría libertad no sólo para nosotros occidentales, sino para los países pobres cuya situación se agrava por las injerencias de los mercados financieros.
Sin embargo también hay que tener en cuenta que la posibilidad de especulación no queda del todo cerrada. Por un lado los poderes financieros tomarían el control de nuevos nichos de mercado, abaratando sus propios precios para ganar en la competencia, y luego podrían subirlos volviendo a crear el control social. Por otro lado, la gente con menos medios económicos tendría que alquilar en vez de comprar estos sistemas. En estos casos, se debería prever todo esto y organizar el desarrollo mediante la iniciativa y la vigilancia ciudadana, y teniendo en cuenta que el alivio que representan también abriría más camino a la confianza y el préstamo ciudadano. Un buen diseño de un plan como este podría hacer desaparecer el control financiero de los lobbys sobre nuestro estilo de vida.
En los próximos posts hablaré más sobre cómo afectaría esto a la implantación de la igualdad social, y más sobre detalles de alternativas que no nos han sido explicadas bien.
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