sábado, 15 de noviembre de 2008

La dieta como concepto político (III)

En este post: ilustraciones de Nanocartoon

Esto quizá no sea una tercera parte sino más bien una suerte de epílogo. De todos modos voy a ir terminando con esta serie, porque empezaba, o bien a repetirme, o bien a profundizar demasiado en temas que requieren otro tratamiento que no sea mi blog por ahora. Voy a comentar una serie de ideas que me han acompañado y surgido a lo largo de las últimas reflexiones y las sensaciones dejadas por las noticias cogidas al vuelo sobre la crisis financiera. Pero ahora voy a meterme en conceptos mucho más radicales sobre cómo pienso que podrían ser algunas cosas fundamentales. Mi propuesta más difícil sobre reflexión política, ya en una -de muchas- utopía personal.

Comenté sobre la sostenibilidad y la independencia agraria (aka soberanía alimentaria) como principios básicos que debería seguir cualquier gobierno. Existe una corriente de economistas que intentar definir a la economía como parte subordinada del ecosistema, en contraposición a la idea utilitarista al uso que considera los recursos naturales o bien tierra de nadie, o bien productos supeditados a tasación y compraventa. ¿Cómo podemos obviar que la economía es la ciencia surgida de nuestra necesidad de contar e inventariar los recursos para administrar nuestra supervivencia? De esta idea debe surgir una cultura de la economía y el desarrollo siempre atentos a los cambios del ecosistema, no como ahora que el ecosistema y la sociedad tienen que temblar con los cambios de la bolsa. La sostenibilidad agraria es posible. Se ha dicho que existe producción de alimentos suficientes para alimentar a toda la población mundial. Lo que no existe es un sistema de mercado justo. Por ejemplo en España los agricultores y ganaderos tienen prohibido por cuota exceder cierto límite de producción. A mí me suena bizarro que se prohiba producir alimentos; seguramente responde a retorcidos cálculos para mantener ciertos parámetros de nuestro capitalismo, que a bote pronto se me antoja que serán los de mantener el expansionismo de los negocios, y en último término la larga cadena piramidal de la producción. La agricultura en España produce sólo el 60% de lo consumido en nuestra tierra; podría producir el total, si a ese 60% le sumamos lo prohibido por las cuotas y las cantidades que se desplazan en exportaciones. España podría ser independiente en lo alimentario. Por qué los alimentos se venden en otro país, y donde se producen se compran los de otros es una especie de misterio de las entelequias del capitalismo. Quizá lo justifiquen con que el proceso de exportación da un gran número de puestos de trabajo, pero para mí eso es ignorar la fuente radical del concepto: si la producción local de alimentos es potencialmente suficiente, se reducen los motivos de creación de puestos de trabajo para importar alimentos. En esencia, debería reducirse la jornada laboral para estos trabajos, ya que no existe una inseguridad sobre su presencia. La cultura de la jornada agraria intensiva podría ser cambiada por otra de jornadas reducidas, medias jornadas o eventuales. ¿A qué necesidad debería responder el haber jornadas completas con completa dedicación cuando sobran alimentos producidos? (Y no digamos si aplicásemos los sistemas de Masanobu Fukuoka o de Wes Jackson). Esto sería la solución a una antigua preocupación de campesinos y trabajadores: la seguridad alimentaria no reñida con una vida liberada. El capitalismo no ha resuelto ese problema, sólo nos ha dado servicios para hacer llevadera nuestra dependencia en la pirámide ("jaulas más grandes, cadenas más largas"): en los orígenes, la revolución industrial reducía la necesidad del trabajo forzoso gracias a las máquinas, pero hasta ahora se ha negado a proponer la desaparición de la institución del paro, lo cual es contradictorio: responde al hecho de que la riqueza vaya hacia arriba en la pirámide, antes que repartirse. Esta contradicción es el principio del capitalismo: la falacia de la inseguridad, y junto a ella, la justificación del lucro desmedido. Todo el mundo quiere hacerse rico: los de los escalones bajos y medios, para mejorar su situación. Pero, sin embargo, por otro lado podríamos pensar ¿y por qué no cambiar la regla por la cual quiero ser rico? Querer ser rico no es una aspiración humana profunda: es un deseo funcional, basado en la inseguridad. Un deseo funcional mientras exista un sistema piramidal y una institución llamada paro. Pero si cuantificamos los recursos disponibles, tanto alimentarios, como monetarios, o tecnológicos, caemos en la cuenta de que existe más que suficiente varias veces para todos los seres humanos, no sólo ahora sino en varias generaciones. Por lo tanto la pobreza en sí no existe, sino las situaciones de pobreza: es la estructura piramidal lo que la provoca. De lo contrario, de no existir el escalón más bajo, no existiría la pirámide. Por lo pronto, esta pirámide existe, sin que exista su necesidad.

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Dentro de utopías necesarias hemos de hablar del control financiero desde el estado. Yo no soy sovietista ni castrista, pero el control financiero por parte del estado es una idea que si la miramos bien no puede ser negada. Es la expresión de la idea anterior: la economía supeditada a la cuantificación científica de los recursos disponibles. Sin intervención oficial y de la soberanía del pueblo, el valor queda al servicio de una subjetividad demasiado interesada, eso ahora ya lo empezamos a comprender a tenor de los hechos. Y con ese valor subjetivizado e interesado, el mercado, la industria, la producción, el mercado laboral, las costumbres colectivas, el consumo, y finalmente las preocupaciones políticas, quedan adulteradas. Los magnates neoliberalistas dirán que no es culpa suya y que en todo caso los males provocados son violencia estructural. Bien, entonces cambiemos la estructura.
Deberíamos tener leyes que determinasen de un modo más firme cuáles deben ser las pautas de la industria, porque a fin de cuentas estamos hablando de producción de útiles para la vida. Hemos de redefinir la utilidad, primeramente en base a criterios ecológicos. Si además entendiéramos una actualización del concepto de trabajo similar a lo que estoy tratando de exponer, el concepto de necesidad (la técnica y la económica) también quedarían trastocados. Por lo tanto nos queda pendiente como civilización y como época una redefinición de las motivaciones industriales por muchos motivos.

Dentro de estas leyes o medidas, aún sin que se llegase a un cambio como la utopía de la que saco estos párrafos, yo incluiría algunas como estas (por los motivos de los anteriores posts, y para repetirme con un resumen):
-Abandono de la producción de coches de combustión interna y obligación de centrar la industria en los coches eléctricos.
-Sustitución de la producción de energías por las renovables a nivel localizado. Creación de puestos de trabajo en torno a esto. Búsqueda de la independencia energética.
-Limitación de las exportaciones de alimentos y desaparición de las cuotas de producción. Localización de la agricultura, que debe ser ecológica.

Y además, me permito aspirar (aún no he decidido si para esta vida o para una próxima si la he de vivir) a medidas que pueden parecer o ser "comunistas":
-Definición del umbral de la riqueza y limtación de la herencia. De forma análoga al concepto de umbral de la pobreza, existe un punto a partir del cual varias generaciones descendientes de una persona poseedora de fortuna tienen el futuro asegurado. Me atrevo a decir que en la actualidad debería existir, junto al derecho a prosperar y enriquecerse, un límite. Más allá todo lo obtenido debería repartirse aunque fuese una pequeña parte. ¿Tendrían algo de que preocuparse por sí mismas las personas o empresas que poseen capitales superiores al PIB de países enteros? Es vergonzoso que existan esas cifras y en el mismo mundo las cifras de la pobreza y el hambre, que podrían solucionarse con sólo una parte de lo que se ha destinado al "rescate financiero".
Hace tiempo que tengo el brote de un concepto diferente de la "herencia": En una lógica de los recursos y de los derechos humanos, ningún niño nacido debería cargar con la situación social de los padres. A tenor del inventario mundial de riqueza existente, todos los niños del planeta deberían disponer de una educación de igual calidad, de atención sanitaria y alimentaria de igual calidad. Que luego sus padres quieran hacerse ricos o arruinarse, sea cosa personal, ya son adultos, pero que no afectase a los niños, que han nacido sin saber a qué mundo venían. Es una idea similar a la de que jamás debemos adoctrinar a un niño en una ideología o una religión, pero a un nivel mucho más fundamental. La pobreza es violencia estructural injustificada.

La medida radical y "comunista" de controlar ciertos parámetros de la riqueza desde el estado, podemos entenderla, si queremos, como un atentado a la propiedad privada, o incluso como una desestabilización del mercado. Yo, que de economía entiendo lo justo y más bien poco, creo que una medida así minimizaría el significado de esos "problemas", por lo que que expliqué en estos párrafos. Mediante la distribución obligada, la desaparición del hambre, las guerras y la necesidad de competir en el mercado, significaría la estabilización social, y por lo tanto una actualización de la motivación del lucro. Si el respeto y la misericordia no fuesen asignaturas de relleno, deberíamos emprender un proceso así por el cual finalmente la cultura del deseo funcional del lucro, las preocupaciones económicas, la inestabilidad política por motivos de recursos dejasen de ser parte "normal" de la vida. Porque existen los recursos suficientes para hacerlo. No es que los ricos dejasen de ser ricos, sino que dejarían de necesitarlo:

Todos los seres humanos tenemos primero la necesidad de alimentarnos y de asistencia sanitaria (hemos dicho que existen los recursos), y luego las necesidades culturales, pertenecer a una comunidad que nos proteja y nos permita ser felices, y convertir finalmente nuestra mente en amor. Esa es la vida humana. O esa debería ser si no existiesen impedimentos estructurales para mucha gente. Esa felicidad es lo que desea una persona cuando intenta hacerse rico: no desea más dinero en el fondo, de lo contrario es confundir el medio con el fin; como decía arriba, querer ser rico no es una aspiración humana profunda, es un deseo funcional. Y confundir el medio con el fin es una enfermedad del conocimiento.

Si preguntásemos a alguno de los hombres más ricos del planeta "si con una mínima parte de su patrimonio pudiera hacer desaparecer el hambre y las guerras más importantes, ¿lo haría?", quien dijese que no, hablemos en plata, sería lo que en España llamamos un grandísimo hijo de puta (con perdón de las prostitutas). Incluso sin hacer esa petición, por ejemplo la liberación de las tecnologías de los coches eléctricos o la explotación industrial del cáñamo son cosas que podrían haber cambiado el mundo -así como suena- hace décadas. ¿Por qué no se aplican?

El capitalismo no está pensado para acabar con la pobreza. Está pensado para crear riqueza, pero en un conjunto entendido como un todo, ganancia implica pérdida por otro lado. Dentro de las teorías económicas, capitalismo y comunismo no son las únicas que existen ni las únicas posibles. Tampoco ambas son exclusivamente aplicables como las conocemos (p.ej. sovietismo y neoliberalismo), sino que podemos concebir muchas diferentes gradaciones. El comunismo y otras formas de socialismo, vienen mostrando fracasos porque están concebidos para afrontar al final la ingente tarea de redefenir los mecanismos del deseo del lucro. Y el capitalismo viene fracasando porque no se ha propuesto redefinir esa tarea. Una teoría económica sensata (dejemos de ser humanos a medias en los pensamientos importantes escondiéndonos bajo las faldas de ideologías) tiene que proponerse francamente la igualdad social a todos los niveles, la desaparición de la pobreza y el hambre, la desaparición de la necesidad de jerarquías, la garantía de independencia de las comunidades de cualquier tamaño, y el consumo dentro de parámetros sostenibles previsibles. Sin esos principios, puede ser cualquier cosa menos una teoría económica para la sociedad humana. Puede ser un plan de lucro, una conspiración de mercado, o una imbecilidad obsoleta, pero no alcanza a ser una ciencia basada en principios básicos de la realidad de la vida humana en la Tierra.

Bueno y por ahora termino esta serie sobre reflexión política. Creo que ahora comprenderéis porque no suelo escribir ni hablar sobre estos temas: mi discurso no sigue los ritmos al uso.

En este post: ilustraciones de Nanocartoon

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