En el anterior post hice un resumen de las costumbres básicas de consumo que se incluyen entre las políticamente efectivas para crear cambios justos y ecológicos, ya que la industria es una de los principales obstáculos para la independencia de los gobiernos y una de las principales fuerzas en el diseño de estilos de vida al poseer tácticas para transformar el mercado. Las que nombré son más o menos las típicas que sabe casi todo ecologista o seguidor del movimiento antiglobalización.
Ahora quiero comentar cuáles podrían ser otros sistemas de consumo que no conocemos, y sugerir cómo sería la vida con ellos. Algunos de ellos los hemos oído sólo en forma superficial, y no conocemos su verdadero desarrollo tecnológico, ni las implicaciones políticas que conllevarían. Con este post voy a sugerir que una activismo por la transformación del consumo no sólo no sería, como cree mucha gente, una política de la humildad sin ventajas a cambio, sino que tiene mucha más significación política a todos los niveles, que lo que conocemos. Pero funciona a otro nivel : se enfoca al hecho de diseñar y probar métodos de viabilidad de la justicia y la ecología, y supera la cuestión de las ideologías. Vayamos a las técnicas pues:
Os comenté que existen diseños de casas capaces de producir su propia energía eléctrica y para calefacción. No es cierto que con energías renovables esto no pueda hacerse. Además del sistema eléctrico y calorífico (o ventilador en el caso de los países cálidos) hay que contar con que los materiales de construcción y los aparatos domésticos escogidos pueden incrementar el ahorro. Ciertos diseños puestos en práctica y funcionando en lugares fríos e incluso habitualmente nevados, son una combinación de todo esto llegando a liberar completamente las facturas energéticas. La implicación social y política de esto es evidente: un respiro a nuestros sueldos para toda la vida. La construcción de este tipo de casas puede normalmente resultar muy cara, pero el ahorro amortiza con creces. Como os decía, es más que probable que algunos bancos lo tengan en cuenta para conceder el crédito para la obra. La implicación ecológica de esto también se hace notar: aminora la dependencia respecto a las grandes centrales de producción de energía. Esto también es un efecto social, pues al reducir su valor, su poder especulativo en bolsa descenderá. Para conseguir esto no basta con las placas solares, sino que hay que conocer varios sistemas como el tipo de paredes y ventanas, aislamientos, la propia forma y estructura de la casa, ciertos tipos de electrodomésticos, sistemas de agua, todo ello convierte la casa en un sistema integral de producción y ahorro. Además de las placas solares existen otro métodos aplicables para la electricidad como la energía geotérmica y los aerogeneradores independientes (que deberían sustituir a los macromolinos). Otro tema a plantearse es un método alternativo para las placas solares: que la casa, en vez de una red de corriente alterna de 220V, la tenga de 48V continua. Para la mayoría de aparatos esto sería más que suficiente, fácil de producir, y sin peligro. El problema por ahora es que no existe producción industrial de electrodomésticos con esa adaptación, aunque un electricista podría modificarlos. Esta idea es muy buena para los países en que aún no se ha creado una red eléctrica grande ni un mercado de electrodomésticos importante.
En cuanto al tótem del coche, hemos de empezar por comprobar que la industria automovilística ha venido practicando la obsolescencia programada sin cortapisas. Existen diseños de automóviles que pondrían en evidencia al más "ecológico" de los recién salidos al mercado. Por qué no se venden es un misterio. Esto en cuanto a los coches de combustible fósil, sin embargo existen desde hace más de 10 años coches eléctricos completamente competitivos. En 1996 General Motors produjo en serie coches eléctricos que alcanzaban los 100km/h en menos de 9 segundos (vedlo en la foto recargando en un garaje de California). Pero sólo se alquilaron, nunca se vendieron, y dejaron de producirse. Varias multinacionales llevaron a cabo prácticas parecidas. Si cada ciudadano pudiese hacerse con uno de estos coches, las implicaciones serían importantísimas: no serían más "necesarias" guerras como la de Irak, ni vertidos como el del Prestige, ni que en algunas ciudades haya que salir a la calle en mascarilla. Además, un coche así sería más barato de mantener, y por lo tanto nuestro trabajo ya no sería tanto para el banco. Sin duda queda claro que la importancia de estos coches también alcanza a los lobbys petroleros, y probablemente haya sido su presencia lo que haya impedido su expansión. Pero además de coches eléctricos también existen otros como los de hidrógeno. No es cierto que no estén suficientemente desarrollados, y, de haberse producido en masa, la demanda hubiera hecho avanzar aún más su diseño.
Otro punto fundamental del consumo es la alimentación. Es necesario reducir el consumo de carne. El habitual consumo excesivo en los países ricos tiene efectos perjudiciales para el medio ambiente y sobre la distribución de alimentos como os comenté en el anterior post. Si tu costumbre es la de comer poca carne, para empezar estarás más sano y con el bolsillo más aliviado. Pero además habría que reconvertir todo el sistema agrario a una nueva forma de granjas familiares ecológicas. No es cierto que esto no pueda proveer perfectamente a toda la población (tampoco es cierto que el actual sistema no pueda alimentar a todo el mundo; es el mercado el que no puede). En cuanto al precio de los alimentos biológicos, para empezar si el mercado está más consolidado los precios bajan -por eso vemos productos alemanes u holandeses de este tipo en nuestras tiendas, nos llevan años de ventaja-. Tampoco es cierto que estos sistemas lleven siempre más trabajo. Algunos lo llevan y otros no. Los desarrollados por los científicos Masanobu Fukuoka en Japón por un lado, y Wes Jackson en EEUU por otro, según sus propias palabras permiten "no hacer nada" mientras los alimentos crecen, sin utilizar herbicidas ni otros sistemas caros y perjudiciales. Por lo tanto existen motivos para decir que podemos tener al alcance una auténtica revolución agraria, que entre otras cosas, también permitiría mantener el precio de los alimentos mejorando su calidad y cantidad.
Pero en este tema de la alimentación hay que ir más allá. Incluso si se redujesen los precios de los alimentos eso no debería ser el problema para el mercado ni para los sueldos de los agricultores (sobre esto explicaré más adelante también). En realidad también hay que contar con consumir solamente alimentos producidos en nuestra región, pues de lo contrario ya no resultan ecológicos. Esto debe significar que deben frenarse las exportaciones de alimentos, y que toda política debe encaminar a cada país a la independencia alimentaria. No puede haber estabilidad sin ella. Por lo tanto, para empezar, se favorecería la desaparición del hambre y la ruina de los campesinos en los países más pobres, y por otro habría que aumentar los puestos de trabajo agrarios en los países ricos. Actualmente la política es la contraria, y se fomenta una agricultura industrializada, desnaturalizada, que para empezar da trabajo a cada vez menor número de personas y con peores sueldos, para vender a grandes distancias, y además produce un tipo de alimentos mediocres, estropea el suelo de cultivo, y soluciona los problemas de producción (es decir, de mercado) con fertilizantes químicos, pesticidas, modificaciones genéticas y otros sistemas de desnaturalización. El sistema de Fukuoka por ejemplo, produce alimentos con del doble de calidad y en el doble de cantidad que la agricultura normal. La venta de alimentos a grandes distancias, además del problema que genera el transporte, permite prácticas desleales como las exportaciones a bajo precio que arruinan a los campesinos de los países receptores. Los defensores del neoliberalismo dicen que es una buena herramienta contra el hambre, pero ¿cómo, si por ejemplo en Sri Lanka se suicidaron miles de campesinos llevados a la ruina? La solución contra el hambre es difundir sistemas de cultivo que ahorren trabajo y no hipotequen la calidad del suelo, y con el fin de que los alimentos producidos sean comercializados sin salir del país. Si a esto le añadiésemos los coches eléctricos, la exportación de alimentos para creación de biocombustibles también se detendría.
Como en los alimentos, el mejor consumo de otros productos como la ropa por ejemplo, debería hacerse en cercanía, es decir, de productos fabricados con puestos de trabajo de la comunidad donde se compran. Si al reducir las exportaciones innecesarias se reducen puestos de trabajo derivados del comercio, se crearían en la producción localizada. De este modo, los empleos no estarían enfocados a mejorar el mercado primero y la sociedad después, sino al contrario: al estar la producción centrada en lugares, las innovaciones serían más de calidad que de cantidad. En cuanto a si todo esto frenaría el libre mercado tal como lo conocemos, pues por supuesto que sí. Pero conllevaría un concepto de producción para las necesidades sociales. Por ejemplo, una granja familiar en Brasil de 1ha da trabajo a 5 personas, mientras que 4ha de eucaliptos sólo dan trabajo a una persona.
Como alternativa importante también os nombro al cáñamo. Mucho se ha escrito sobre las posibilidades probadas de esta planta, que muchas empresas ya empiezan a llevar a cabo hace años, pero quizá no se ha difundido lo suficiente. No existe excusa técnica para decir que el cáñamo no pueda sustituir a la madera en la producción de papel, cartón y materiales de construcción, al plástico y aceites fosiles, al algodón en la vestimenta, e incluso podría servir como alimento. Y en este caso tampoco es cierto que no tenga las prestaciones de sus competidores, lo que falta es adaptación de la industria. Os recomiendo leer al respecto.
Como sugiero en el párrafo sobre los coches y el petróleo, si se generalizasen prácticas de consumo consciente como éstas, la demanda consciente presionaría a las empresas a cambiar de pautas. Por lo tanto esto es muy importante. Pero podemos llegar más allá. Y atención porque esto significaría la forma más efectiva de cambiar el mundo que hayáis oído en mucho tiempo.
Primero, si cada persona tuviese un coche eléctrico en lugar de uno de combustión interna, y una casa que fabrica y acumula su propia energía en lugar de una que la derrocha, y comprase alimentos en su comunidad cercana en lugar de exportados, como primer logro, estaríamos creando un modelo de bienestar que podrían copiar todos los países en vías de desarrollo. Porque si todos los países que se espera vayan mejorando quieren copiar el destructivo sistema de consumo occidental, estaremos muy en peligro. Si cada hindú quiere un coche, cada chino quiere un coche y cada sudamericano quiere un coche, el cambio climático será rapidísimo y gravísimo. Por lo tanto la implantación de los coches eléctricos debe ser una de nuestras principales demandas.
Por otro lado, mucha gente ahora no esta dispuesta a embarcarse en un empleo agrario. Esto es debido a la nefasta política europea y estadounidense sobre el campo. Introduciendo las mejoras del tipo Fukuoka o Wes Jackson, la agricultura puede dejar de ser un trabajo duro y endeudado. Pero además con las tecnologías citadas, dejaría de ser lo contrario a vivir en la ciudad, y por otro lado, con la reducción de facturas que éstas suponen, también puede ser un motivo menos de desconfianza. Si todo esto se aplicase a la vez, mucha gente de cualquier país podría plantearse con libertad irse a vivir al campo y allí desarrollar redes estables de producción, consumo y estilo de vida sano y moderno. Además, estas redes efectivas localizadas, reducirían ciertas necesidades de consumo como por ejemplo tener un coche.
Pero no acaba ahí la cosa, y es aquí donde digo que un consumo consciente puede cambiar el mundo: se trata de la herramienta que puede desmoronar el poder de los lobbys que diseñan nuestro futuro, no sólo desde un frente sino desde varios de forma exponencial. El tener una casa energeticamente independiente, un coche que no depende de la producción de petróleo, y una producción agraria cercana, nos haría dar tres pasos más hacía la igualdad y la estabilidad social: uno: el poder disponer de todo lo necesario de forma organizada y sin depender del mercado internacional. Dos: el disolver poco a poco el poder de los grandes lobbys comerciales en las áreas energéticas, automovilísticas, alimentarias e inmobiliarias. Y tres, el crear un estilo de vida más independiente, que permitiera a la gente vivir con menos agobios: esto conlleva poder permitirse escoger mejor tu trabajo, en lugar de conformarte por lo que te ordenan tus facturas. Lo cual sería otro punto menos de beneficio para los lobbys.
Esto es un diseño de un nuevo estilo de vida, que además, nos llevaría a una democracia más efectiva. Si nuestros agobios económicos fueran menores, y nuestro funcionamiento productivo en general más localizado, nuestra participación política sería más aliviada y menos presionada por fuerzas mayores que las redes de producción y consumo. Y esto además significaría libertad no sólo para nosotros occidentales, sino para los países pobres cuya situación se agrava por las injerencias de los mercados financieros.
Sin embargo también hay que tener en cuenta que la posibilidad de especulación no queda del todo cerrada. Por un lado los poderes financieros tomarían el control de nuevos nichos de mercado, abaratando sus propios precios para ganar en la competencia, y luego podrían subirlos volviendo a crear el control social. Por otro lado, la gente con menos medios económicos tendría que alquilar en vez de comprar estos sistemas. En estos casos, se debería prever todo esto y organizar el desarrollo mediante la iniciativa y la vigilancia ciudadana, y teniendo en cuenta que el alivio que representan también abriría más camino a la confianza y el préstamo ciudadano. Un buen diseño de un plan como este podría hacer desaparecer el control financiero de los lobbys sobre nuestro estilo de vida.
En los próximos posts hablaré más sobre cómo afectaría esto a la implantación de la igualdad social, y más sobre detalles de alternativas que no nos han sido explicadas bien.
jueves, 6 de noviembre de 2008
La dieta como concepto político (II)
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Publicado por
Jose García Carrera
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02:40
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