miércoles, 29 de octubre de 2008

La dieta como concepto político (I)

Como decía en el post anterior, el consumo es una de las cuestiones más políticas que te puedas plantear, y uno de los frentes a través del cual más podríamos influir en los cambios sociales. Puede que incluso más que con las manifestaciones o el voto. Esto me recuerda la lucha por los derechos de los negros en EEUU, que comenzó con un boicot a las líneas de autobuses que separaban a los clientes de las filas de asientos dependiendo de su color de piel. El poner en peligro los ingresos de las empresas que provocan los problemas o que colaboran con las injusticias puede ser sin duda más efectivo que cualquier otra cosa que hagamos. Además, detrás de muchas injusticias están a menudo intereses empresariales. Algo tan corriente como comer es uno de los actos con más implicación de nuestra vida cotidiana. Así como discriminar algunas marcas por algunas de sus actuaciones sociales, o reducir el consumo de materiales no reciclados ni reciclables, o de combustibles, el cambiar los hábitos de consumo en general forma parte de los idearios de muchos movimientos sociales.

Lo más frecuente cuando se comparte este tema con alguien, es que sean reticentes a mostrar compromiso mediante las acciones sencillas. Pequeños y medianos cambios en la vida cotidiana de mucha gente pueden hacer una masa de presión pasiva mediante la abstención de consumo. Pero hay mucha gente que no se muestra dispuesta a aceptar cambios, lo cual es completamente normal, pero en muchos de los casos simplemente se deshacen en excusas. La más corriente es que si todo el mundo lo hiciera serviría para algo, pero que no se decidirán a hacerlo hasta que lo haga mucha gente, y unos por otros, la casa sin barrer. Otras son más sinceras y se refieren a que no se sienten capaces de practicar esos cambios; estas excusas son más sinceras y lógicas, pero excusas al fin y al cabo, e inútiles de todos modos. En general muchas veces la gente no quiere aceptar cambios porque creen que les repercutirá de forma negativa en lo personal, pero es todo lo contrario; a lo largo de nuestra vida desde siempre hemos tenido que afrontar cambios, dejar atrás costumbres y tomar decisiones. Que funcionen mejor o peor muchas veces es una cuestión de organización. Lo que ocurre es que llegados a la edad adulta somos más reticentes a los cambios. Una pena.

Para empezar a hablar de los cambios de costumbres, uno muy importante es la alimentación. Del mismo modo que se aceptaron como oficiales los datos sobre la relación entre contaminación y cambio climático, la ONU ha comenzado a recomendar reducir el exceso de consumo de productos cárnicos, contándolo entre uno de los principales factores. Explicaré algo sobre ello, que ya formaba parte de los test de huella ecológica y como factor de creación de injusticia desde los movimientos ecologistas; además habremos de añadir que las implicaciones económicas del mercado de carne se cuentan entre los factores de la creación de pobreza, a lo que hemos de sumar como vuelta de tuerca que el calentamiento del clima está favoreciendo la escasez de alimentos en muchos países. Pero en el concepto de dieta política también podemos incluir la manera en que tratamos nuestra salud personal, por otros motivos distintos, algo parecido a lo que quizá se pueda llamar higiene mental.

El consumo de productos cárnicos en los países ricos, para empezar hace tiempo que pasa del exceso. Dos o tres veces por semana es suficiente para una dieta equilibrada, en mi opinión y experiencia muchísimo menos (una vez al mes) es suficiente. Por otra parte, el consumo de carne requiere tierras y agua para cultivar alimento vegetal para el ganado, cada vez más industrializado con arreglo al mercado, y esos recursos primarios podrían ser destinados directamente al consumo humano. Para más INRI, algunas de las granjas de empresas multinacionales, como McDonalds, se encuentran en países en que los atropellos de todo tipo están a la orden del día, empezando por la deforestación para instalar las granjas y cultivos de pienso. Por si fuera poco, la producción y el transporte de cárnicos genera una gran cantidad de contaminación y emisiones de CO2: son necesarios 7 kilos de grano y 7 litros de petróleo para obtener un kilo de carne. En el caso del pescado, el exceso de comercialización está acabando con el equilibrio de los ecosistemas marinos. En algunos países de África, la exportación de pescado está aumentando la tasa de hambre, ya que los intereses de mercado absorben la mayor parte de la pesca. Por si fuera poco, en las redes mueren miles de peces como víctimas de paso, que son arrojados al mar aunque sean comestibles, porque no constan en el encargo. Un atropello ecológico y un insulto a los hambrientos, que en la costa subastan raspas y restos de las lonjas. A todo esto hay que sumar la contaminación por el transporte de alimentos exportados. Para ser completamente ecológico, un alimento no debe ser consumido más lejos de cierta distancia, y también debemos enlazar esto con el tema de la soberanía alimentaria y la autosuficiencia agraria que todos los países deberían tener, pero que tanto en países ricos como pobres, se ve alterada por las necesidades del mercado.
Hay otros datos que no recuerdo y no sé explicar, pero todos estos argumentos ya deberían ser suficientes. Como detalle final, y para convencer a los detractores del consumo de verduras, hay que recordar que una dieta sana debe contar con un aporte nunca excesivo de carne u otras proteínas. Tener en cuenta que una dieta sana además de facilitarnos la vida reducirá el gasto que hagamos en salud. Con lo cual concluimos que un cambio así, tan infravalorado, no está sino lleno de ventajas necesarias. Esta idea ha venido siendo difundida con relativo éxito en algunas subculturas, como el punk: muchos seguidores del punk son incluso vegetarianos.

Dentro de las ideas de consumo político incluimos como pilar básico la reducción de combustibles. Ya sea mediante el transporte público, el compartir el coche para ir al trabajo, el uso de bicicletas, la sustitución de combustibles por bio diesel (esto sólo al principio por ahora, pues se pretende con esto hacer subir los precios de los alimentos de que se obtiene, así como aumentar el problema de la deforestación para cultivos), o mejor aún, invertir en coches alternativos si podemos. Esto no sólo es más ecológico sino que es boicotear directamente a una de las mayores injerencias del mercado en la política: las petroleras y las productoras de coches. En la construcción de nuestra casa también podemos obtener nuestra energía por otros métodos que son mucho más eficaces que los conocidos, sólo que no están aún expandidos. A veces salen más caros, pero en realidad el ahorro que permiten amortiza con creces en poco tiempo. Sobre todo si a nuestro nuevo sistema eléctrico o de calefacción le sumamos una combinación de materiales de construcción ecológicos cuyo diseño esté pensado para acumular mejor el calor, etc. Tanto para países fríos como cálidos, hay diseños de casas que, a pesar de poder costar la obra hasta el doble de lo normal, permiten un ahorro energético en la factura de hasta el 90%. Si además contamos con que algunos bancos -p.ej. Triodos- tienen en cuenta las intenciones sociales o ecológicas como factor positivo a la hora de conceder préstamos, recomiendo que penséis en esto cuando vayáis a construir o hacer obras en vuestra casa.

En la dieta política también hay que incluir un montón de acciones como comprar siempre que podamos producción cercana, comer en la medida de lo posible productos autóctonoes de temporada, evitar las marcas de las que hemos oído barbaridades comprobadas, tratar de reutilizar, reciclar o intercambiar lo usado, y por supuesto procurar no despilfarrar papel, plásticos (evitar productos con excesivo envase y envases de ración individual), etc. A la gente que está obsesionada por las modas les animaría a que no se preocuparan por cambiar su ropa cada temporada -ya hablaré de modas en otro momento-.

Ante todas estas nuevas pautas de consumo, que en la mayoría de los casos tienden a una reducción, surge la pregunta de si el mercado y la economía colectiva, el empleo, etc. se vendrían abajo. No. Más bien se trata de un redireccionado del capital de los consumidores. En el caso de los alimentos, este capital debe tender a revertir en la comunidad cercana, en los productores locales. Defendemos una política agraria que haga aumentar los puestos de trabajo con métodos ecológicos, y la eliminación de intermediarios. También en las otras áreas de consumo se defiende la preferencia por lo cercano, con lo que se espera además que los puestos de trabajo sean creados en la propia comunidad, en lugar de buscar paraísos de la producción más lejos para complicar el mercado. En última instancia, estas pautas de consumo que os propongo tienen como fin relocalizar la actividad económica y comercial de cada país, para reducir su dependencia del resto. Y eso a la larga es el mejor motivo para olvidar la posibilidad de conflictos. En la actualidad, la tendencia de nuestros países ricos es a la creación de empleos cuyo fin es mejorar las condiciones del mercado -pero no directamente de las condiciones sociales-, y se supone que eso debe favorecer las mejoras sociales; no se plantea que los empleos sean lo que directamente mejore las condiciones sociales, o que éstas sean tales que no sea necesario depender del mercado para mejorar. Al final, el mercado tal como lo conocemos, es un mecanismo de dirección piramidal, que necesita de desigualdad y competencia para funcionar, y que la riqueza se mueva de abajo hacia arriba. Debería ser una estructura de rizoma o de red, en que la riqueza vaya en círculo pasando por todas las manos, permitiendo que todos los servicios mejorasen sin competición. En cuanto a que el mercado dejase de dar trabajo en países pobres -en condiciones de explotación y dependencia-, si el sistema económico fuese más local, las diversas influencias del mercado que provocan precisamente esa pobreza desaparecerían, y cada país podría centrarse en resolver sus propias necesidades sin la idea de competitividad que el capitalismo defiende como motor del progreso. De ahí que los hábitos de consumo puedan cambiar el mundo, de modo opuesto a como lo están convirtiendo en un recipiente de problemas.

Rise Against: "Prayer of the refugee"



Otra idea importante de dieta como acción política pueden ser muchas cosas por las cuales consideramos nuestra salud y nuestro cuerpo. Como el punk straight edge, que sugiere que una vida libre de consumos tóxicos y drogas nos mantiene más llenos de energía y atención -aunque en realidad no necesitamos llevarlo necesariamente a la vida abstemia por norma-. Esta idea también ha sido propia de algunos movimientos anarquistas, pero también del budismo, el taoísmo, el hinduísmo, el yoga y las artes marciales. Estas corrientes añaden sistemas muy elaborados de salud y autoconocimiento. No sólo para mantenernos sanos sino también para potenciar el metabolismo y la conciencia. Hay quien dice que ese tipo de cosas no se adaptan bien a nosotros los occidentales... quizá precisamente porque las necesitamos. Muchos opinan que el que se pongan de moda responde a una necesidad en muchos aspectos, en los cuales se incluye la política; la mezcla de nuevas filosofías con la mirada occidental a menudo arroja luz sobre aspectos de nuestras libertades y carencias. Para mí una de las causas y efectos de nuestras estructuras sociopolíticas es una limitación de la expansión de la conciencia (por ejemplo el conformismo) y del control corporal (por ejemplo el estrés). Coinciden conmigo movimientos sociales (anarquismo, feminismo, punk, también la mayoría de artistas perciben algo así) y científicos: psicólogos, antropólogos, zoólogos como el que explicó el funcionamiento de nuestras jerarquías sociales: un reparto desigual del control del poder, el dinero y...el estrés. Desde un punto de vista biológico, el estrés es uno de los métodos principales para conservar el poder. Tanto menor sea tu poder, mayor será tu estrés metabólico y psicológico asociado a tu forma de vivir y tu escalón social. Eso es un reparto desigual de la salud, independientemente de la atención médica que se reciba; está más ligado a la preocupación o tranquilidad con que se viva, y aunque se vaya mucho al médico o se cuide uno mucho, la costumbre a una alerta en tensión por un mayor número de problemas aumenta cuanto más bajo es el escalón, y eso es una causa importante de muchas enfermedades. Quizá me extienda sobre esta cuestión en otro momento.
La cuestión es que adquirir hábitos mejores de estilo de vida y salud es otra forma de revolución, otra forma de adquirir poder, otro camino a la libertad. Al fin y al cabo la salud es la raíz de todo lo que buscamos o necesitamos. Se trata de algo parecido a la esencia de la libertad. Esencialmente tenemos una vida metabólica y psicológica que desarrollar -esa es la cuestión-, y por ella son todas las reivindicaciones. Las actuales y las reivindicaciones que durante siglos los regímenes e instituciones represivas se han ocupado de sofocar, intoxicar o prevenir, con el método más efectivo de control: el miedo, la represión, la humillación, la negación de uno mismo. (En la actualidad también son los magnates sin escrúpulos los que previenen o alivian las ansias de reivindicación). Todas las prohibiciones o malas interpretaciones de la felicidad son el núcleo duro de nuestros problemas, "el verdadero enemigo". Por eso no es de extrañar que curiosamente el punk y los sistemas de meditación coincidan con la psicología en atender al tema de la autoestima y la tolerancia por encima de los estereotipos. Me atrevo a pensar que nuestra salud real y nuestra inteligencia más clara estén varios puntos por encima de lo que conocemos, y creo que es buena idea empezar por ahí. Así empezaríamos caminando desde el objetivo final. Tenemos que acabar con el arquetipo o estereotipo del activista amargado. Cuanto más aprovechemos para investigar en ello, más seremos nosotros mismos y no nuestros problemas. Pero además mayores serán los objetivos que podamos vislumbrar con una creatividad más fuerte y profunda -Para cambiar el mundo, como para poder practicar cambios en los hábitos de consumo, se necesita como ruido de fondo la fuerza interior de cada uno-. ¿No es ese el corazón de cada vez que deseamos que el mundo fuese de otra manera? No tenemos otro objetivo que la felicidad, y no tenemos otro camino a ella, que ser conscientes de ello, y empezar a sentirla y protegerla. Eso es en lo que han creído todas las revoluciones. Y finalmente, la felicidad es lo que debe dictar las necesidades de consumo, y no las modas u otras manías. Se sabe que cuando se es feliz se deja de creer que uno necesite muchas cosas.

The International Noise Conspiracy: "Capitalism stole my virginity"




Otro vídeo musical sobre este tema: RATM : "Guerrilla Radio" (subtitulado en español)

Algunos enlaces de interés:
La revolución de la eficiencia
Por qué comprar bombillas de bajo consumo
Biocombustibles: Consecuencias sobre el medio ambiente y el sector alimentario
El cáñamo. La panacea ignorada.
Casas con bloques vegetales. Una curioso y efectivo sistema de bioconstrucción.

Los niños soldado del coltán . Las implicaciones políticas del mercado competitivo de la teconología
Etiopía: "bajo amenaza" de Nestlé
NIKE EZ (NIKE NO)
LAS ZAPATILLAS DEPORTIVAS: UN GRAN NEGOCIO
Día anti-McDonalds

Estos temas del consumo sólo los he tratado por encima, porque el desarrollo de las alternativas está muy avanzado. Una pena que no se conozcan y que los gobiernos no apuesten por ellas: esa es la cuestión.

1 comentarios:

  1. Tu blog deberia ser de lectura obligatoria y mas en los tiempo que corren Jose, pena que no haya mas personas con conciencia como la tuya, salu2 (xpjt)

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