martes, 2 de septiembre de 2008

El "para qué" de la tecnología.

(editado el 3 del 9)
Se me ocurre el tema de para qué sirve la tecnología una vez desarrollada hasta el nivel actual. Superadas las necesidades muy urgentes de mejorar la prensa, la medicina, otras medianamente urgentes como el desarrollo musical, y otras no tan urgentes como el consumo casero, está claro que la tecnología ahora es una excusa para aumentar el volumen de negocios. Negocios que no cambian la vida de la mayoría de las personas, es a lo que iba.

Por ejemplo, el caso clásico en este tema es preguntarse ¿para qué coño hacen viajes espaciales -e incluso van a empezar a vender excursiones- cuando aquí abajo, en la tierra, la peña se muere de hambre o de diarrea? Cuando no sabemos gestionar los recursos que nos han sido dados ¿vamos a buscar otro mundo sin mirar atrás?

Mi opinión no es primitivista. Pienso que la tecnología es muy buena, pero estamos llegando a un momento donde pierde el norte. Personalmente no me pienso morir si dejan de inventar formatos nuevos de imágen para web, si no mejoran el ADSL nunca más, si no hacen nuevos móviles más chulos, o si no sale nunca más un nuevo programa de edición de audio con mayor resolución para hacer mi música.
No creo que mis abuelos fuesen desgraciados por carecer de estas cosas o del teléfono móvil. Lo que hace a las personas desgraciadas es el pisoteo de sus derechos (en el libro "El viaje a la felicidad" de Punset, científicos comentan eso).
Como caso concreto exagerado palpable, valga la pena tomar en cuenta que la empresa de móviles Siemens presionó al gobierno alemán para que no aprobará ciertas leyes sindicales.

Internet por ejemplo debería servir para que cubanos y birmanos puedan tener información (y españoles también, que la mayoría no se enteran).
Ha ocurrido un salto en los últimos años en que ha crecido la tecnología, pero aún no hemos desarrollado las costumbres de exprimir todo lo que nos pueden dar. Vuelve la frase de que estamos sufriendo un gran desarrollo material pero no espiritual. Ahora, con unas ventajas increíblemente superiores a lo que manejábamos hace tan sólo 12 años, deberíamos poner nuestra atención en mejorar el significado de su uso. Por ejemplo, me resulta chocante que los grupos amateurs de música no se curren una buena maqueta con el ordenador de casa, que es extremadamente fácil comparado con hace una década. O por ejemplo, que el periodismo "grande" puede dedicar más esfuerzo a recoger información con un espíritu más auténtico, en lugar del comercialismo informativo que ocurre en muchos casos. La tencología ha crecido, pero las expectativas sobre la mente a menudo siguen siendo tímidas o cobardes. Liberados, para bien o para mal, de las amenazas típicas de la vida salvaje, los occidentales tendríamos que dedicar más atención a sentirnos tranquilos por un lado, y más responsables con las posibilidades de esa comodidad por otro.

Otro aspecto a tener en cuenta del nivel actual de la tecnología es la sobreexplotación comercial de productos cuya necesidad e incluso utilidad es muy relativa. En diseño tecnológico comercial está el concepto de obsolescencia programada, es decir un producto debe quedar obsoleto en el mercado obligatoriamente en un tiempo x, para poder vender el siguiente. Así ha sido que tenía una cámara digital de 600 euros y en pocos años ya no existía el cargador en el mercado y no pude usarla cuando se me estropeó el de paquete. Esto desde cierto punto de vista es una forma de fascismo y manipulación social.

Incluso nuestra obsesión por el consumo de tecnología es un motivo para explotar a países más pobres. Por ejemplo existe un componente de los chips de los teléfonos móviles que sólo se obtiene en ciertos países con condiciones laborales penosas. Si pensamos que gran parte de la tecnología es mero consumo y que otra parte son aplicaciones militares, es aún más vergonzoso.

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