lunes, 14 de julio de 2008

Esperanzas y expectativas



El otro día comencé el libro "El viaje hacia la felicidad" de Eduard Punset, cosa que fue un placer, como de costumbre respecto a este hombre, por la manera natural y seria de abordar las ciencias y relacionarlas a cuestiones practicas. Según cuenta, una de las mayores revoluciones en la historia de los seres humanos al menos en Occidente es que en los últimos dos siglos ha aumentado la esperanza de vida de una media de 35 años a los 80 años. Con eso la mentalidad ha cambiado porque se puede plantear pensar en la búsqueda de la felicidad a largo plazo. Parece que antes la importancia de las cosas estaba más limitada y determinada en una línea de tiempo más apretada. Estaba yo también leyendo parte de una novela, la que inspiró la película "Sentido y sensibilidad", en que la autora manifestaba en sus descripciones del parecer de los personajes que quien llegaba a los 35 sin tener hijos empezaba a ser viejo. La madre de las protagonistas tenía 40 años y se consideraba vieja, y una de sus hijas parecía haberse enamorado a sus 17 años de uno joven de 25, lo que parecía que acabaría en matrimonio con el beneplácito a ojos vista de su madre. El miedo a ser solterona por lo visto antiguamente llegaba primero.

Es interesante la idea de que ahora disponemos de unos 40 años más que nuestros antepasados. Eso probablemente empezó a cambiar nuestra visión de la vida personal tanto como la política. Puede que además afecte ecológicamente por un mayor consumo durante una larga vida, lo que deberíamos pensar seriamente. Es interesante también pensar en épocas preindustriales en que la esperanza de vida superaba los cuarenta años, por ejemplo en la antigua Roma en que un viejo llegaba ha pasar los 60, aunque quizá no los 80. Y ya no digamos en la edad media en que muchos contaban morirse a los 40 si llegaban. Da una idea de que en cada época las personas administraban sus expectativas contra un reloj más escueto. Se evidencia que la longevidad suele estar asociada a prosperidad y orden. Sin embargo cabe pensar también qué es el orden y el bienestar, pues en otras culturas, por ejemplo la china o la hindú, por lo visto es habitual desde hace siglos que algunas personas llegen a ancianas como lo entendemos ahora y que parte de ellas superen la centuria en condiciones bastante estupendas. Eso da qué pensar. Recuerdo un fragmento de un reportaje sobre India en que visitaban a un maestro de Yoga. Por su aspecto se diría que tenía 50, quizá 60 años, pero su documento de identidad señalaba 114 años. También viene al caso la isla de Okinawa, ahora japonesa, donde un señor de 80 años bucea por las mañanas para recoger sus redes de pesca antes de desayunar.

La idea de una vida sana y larga no se me hace para nada difícil de aceptar. Me encantaría verme por ejemplo como mi último sensei de karate, vistiendo el kimono y lanzando patadas pasada la edad legal de jubilación. Y cómo él otros maestros que, ya ancianos, parecen reacios a desarrollar canas, encorvarse o mostrar signos de cansancio. Para nada estoy de acuerdo con amigos que, cuando hablando de los efectos de las drogas y el alcohol, decían "de algo hay que morir" o "qué más da, prefiero abusar ahora que puedo porque a los 40 estaré hecho una mierda". Desde cierto punto de vista inspirándome en las artes marciales, que para perfeccionarse deben practicarse durante largos años, se me ocurre esbozar una filosofía de "ir a mejor" con el tiempo, pues aprovechando que más sabe el demonio por viejo que por demonio, es decir que la mente se refina con la edad, quizá sea sensato pensar que las habilidades físicas puedan volverse más precisas con la madurez, a pesar o más bien sin embargo de que el cuerpo acuse desgaste -o mejor dicho mayhor necesidad de descanso-. Niveles así sólo se pueden conseguir con una practica constante y muy bien observada, pero de todas formas, creo que algún error debe de haber en esperar que, una vez madurado el cuerpo, no exista un periodo en que todo lo aprendido funcione a la perfección. Quizá tiene algo que ver la exhaltación de la juventud que estamos viviendo. Yo no creo que alguien de 40 años no pueda hacer difíciles movimientos, pues sin ir más lejos he visto adultos de esa edad haciendo surf en condiciones aberrantes; lo que ocurre es que la mayoría pierde la práctica, o bien de algún deporte, o bien de sanas costumbres como sentarse en el suelo, caminar y otras naturales que mantienen la flexibilidad de los músculos. Si entramos en el terreno de técnicas que se pueden aplicar para mantener la salud, las prácticas respiratorias de las escuelas de meditación nos ponen en alerta de las malas costumbres respiratorias que tienen la mayoría de occidentales. Lo cual significa que podríamos vivir quizá algo más que 80 años, y además vivirlos mejor. Los amigos que participaban en aquellas conversaciones sobre las drogas a veces se referían a que hay dos formas de vivir: una larga y serena y otra corta e intensa. Quizá es básicamente cierto, pues sabemos que los abusos pueden acortar la salud y la vida, pero puede que a la inversa la ecuación no sea cierta: no por vivir más o menos tiempo vas a vivir más o menos intensamente.

Cabe en este tema pensar que pasarte 40 años de tu vida trabajando y trabajando, como es el caso de una gran mayoría, en algo que no te gusta, sin esperanzas de cambiar nada, también es algo que tenemos que seguir pensando. En un espacio de tiempo de tantas décadas merece la pena pensar en diferentes posibilidades de terminar las últimas de ellas. Un vecino más o menos de mi edad contaba que siempre ha preferido no tener trabajo fijo, y aprovechar los meses de paro para vivir, siempre evitando estar en un empleo hasta quemarse, porque un día llegará un momento en que la edad quizá no permita disfrutar todo aquello por lo que se ha estado trabajando. Es una buena filosofía. Por otro lado es cierto que 80, o 60 cuando has pasado la veintena tiempo ha, son muchos años para esperar que ocurra cualquier cosa y que la vida dé cualquier giro. Lo que sigue siendo importante es recordar que ese tiempo pertenece a uno, aunque lo esté vendiendo, pero que también pasa volando si te despistas. Lo que si tengo claro es que me niego a admitir con antelación que cuando me vayan pasando los años me esté vedado el poder de hacer cosas insteresantes y excitantes, incluso de cara a los que en ese momento sean más jóvenes que yo...¡y no pienso vender mi alma al diablo para eso! (como se dice habrían hecho los Rolling). Por ejemplo, el rock hace años que ha comenzado su época adulta y tiene "ancianos" en los escenarios.

Lo que sigue siendo mi objetivo central es permanecer amargado el menor tiempo posible de todo el que tenga por delante.



1 comentarios:

  1. Como siempre, interesante artículo, Jose.

    Creo que el ser humano no esta pensado para vivir demasiado. En los típicos reportajes de divulgación científica, es común leer cosas como "dentro de 1000 años viviremos hasta los 180", y cosas así. Ya, pero en la Edad Media no existía el Alzheimer. De hecho, ese tipo de demencias comenzaron a aparecer según el ser humano iba ganando en esperanza de vida. Supongo que ciertas enfermedades degenerativas van a ser el 'tope' al que se pueda llegar. ¿Qué las causa? Eso es difícil de especificar, pero estoy seguro de que el ritmo de vida que llevamos actualmente no ayuda. Eso y los malos hábitos mentales, la ansiedad, las prisas, el estrés...

    Los casos que expones en este blog son interesantes, y curiosamente, estoy seguro que son de gente que "se sale del sistema".

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