viernes, 25 de julio de 2008

Agradecimiento

Agradezco a todas las células de mi cuerpo, pasadas, presentes y futuras, el trabajo que hacen para que yo, como ente general derivado de su unión, sea lo que importa y obtenga el mágico fruto de esta experiencia.

Estuve viendo un documental sobre la muerte que empezaba explicando este trabajo de las células como parte de un proyecto que llamamos individuo humano. Desde el mismo vientre de nuestras madres, nacen células para darnos forma, y van muriendo a medida que los cambios van sucediéndose necesarios. Su muerte es como la participación de nuestros antepasados que han luchado por cosas que ahora podemos poseer y disfrutar –derechos, nivel de vida, enfoques filosóficos, descubrimientos y técnicas, etc.-. Uno se siente humilde ante los pequeños entes que le dan forma a uno; bien podrían vivir por separado, como lo hacen seres minúsculos como las amebas y similares. Pero han decidido beneficiarse y al mismo tiempo entregarse a una causa llamada ser humano. Eso somos nosotros; analizado así, no somos más que una experiencia. De hecho aproximadamente cada 7 años todas las células de nuestro cuerpo han sido sustituidas, y sin embargo el ego sigue siendo el mismo. Del mismo modo que la ciencia aún no consigue identificar el centro de residencia de la conciencia, se me antoja inasible el punto donde mi alma humana se aloja, que no sea una voluntad que hace a mis células empeñarse tranquilamente en mí.

Viendo ese reportaje de la muerte, me dí cuenta una vez más que no solemos poner nuestros ojos en éste, el tema que más miedo e incredulidad nos da. Pues estamos hechos para vivir primero que para morir, sería absurdo que pretendiésemos comprender primero la muerte del mismo modo tangible con que comprendemos nuestro oficio, nuestras relaciones personales y nuestras sensaciones. Cuando la necesidad de comprender la muerte aparece, la ciencia y la religión –o en este caso al menos el asombro- acompañan de la manera más serena que les es posible a nuestras emociones de impotencia y desesperación por nuestra fragilidad. El ente que gracias a nuestra biología celular se ha constituido como ego o experiencia del yo, como tal, se nos antoja tremendamente importante y le cuesta aceptar su temporalidad.

Un hombre en estado terminal aceptó ser filmado y entrevistado durante meses para ilustrar la experiencia de la cercanía de la muerte. Me pregunté que haría yo en su lugar. A mí me gustaría morir en calma y sano, como disfrutando de un progresivo descanso sin remordimientos. En caso de, como él, tener que aceptar que ese trabajo lo hiciese alguna enfermedad definitiva y dolorosa, supongo que disfrutaría de algunos rituales de marihuana (ahora no soy fumador) que aligerasen el dolor y me facilitasen una feliz filosofía. He pensado que si me quedasen unos meses de vida, probablemente dedicaría tiempo a visitar todas aquellas cosas que amo y que no poseo: puestas de sol en el mar, animales salvajes, exposiciones de arte, charlas relajadas, sinceras y positivas, música en directo… a fin de cuentas, ya no necesitaría hacer planes ni trabajar para ganar dinero para un futuro lejano. Dicho de otro modo, se me ocurre que dedicaría más tiempo a vivir como me gustaría que el que dedico ahora. Y eso me hace pensar que quizá soy demasiado serio, demasiado preocupado, demasiado rayao. Por lo tanto no ví el final del reportaje, y tras escribir esto, me voy a dar un paseo, porque es una de las muchas cosas que me gustan y me sientan bien, a mí y a mis células.

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2 comentarios:

  1. En realidad, no todas las células del cuerpo se renuevan completamente a los siete años, porque las únicas células que duran toda vida son las neuronas de la corteza cerebral, células de la parte interna de los ojos y algunas células musculares del corazón.

    Si os interesa, podeis ver más aquí: http://www.fcen.uba.ar/prensa/noticias/2005/noticias_01dic_2005.html

    Buscar la localización de la conciencia es tan absurdo como buscar la localización de la vida porque, ¿dónde está la vida? ¿Podemos vivir sin pulmones o sin corazón? ¿Sin riñones, páncreas o hígado? ¿Sin vísceras? ¿Sin cerebro o encéfalo?

    Lo que se viene a llamar alma es un tema fascinante, pero el alma no reside en ningún punto concreto (durante años se trató de situar en la glándula pineal). El alma es todo nuestro cuerpo funcionando e interactuando en un entorno social, cultural e histórico. El sujeto nunca existe en el vacío. Comprendiendo esto, es fácil darse cuenta de que el alma es un todo, en vez de una parte.

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