..."""Había una discusión sobre algunas declaraciones de políticos conocidos, pero hacía rato que ya no atendía a ese tema y había vuelto a sus musarañas. No conseguía seguir el ritmo en esas chácharas, como mucho de política lo último que había conocido en la última semana era lo resultante de haberse fijado en que Garzón había engordado un poco bajo una camisa del color del Frigo Pié. Cuando la tele pasaba sus diatribas como en una secuencia de diapositivas, no se lo tomaba muy en serio, como cuando en el instituto tenía la sensación de que no valía la pena esforzarse por algunas asignaturas. No es que fuese conformista, lo que ocurre es que le agotaba la excesiva y furiosa emoción que todos parecían poner para hablar de cualquier tema, y le chocaba el contraste que eso hacía con el poco interés que mostraban cuando hacía aparición alguna explicación seria y profunda que podría cambiar alguna cosa. De algún modo era consciente de que todo ese difuso aparecer y desaparecer de temas más o menos polémicos sólo era un entretenimiento para sus conocidos. Si fumase, durante esas conversaciones seguramente estaría perfeccionando su técnica de lanzar anillos, o distintos estilos de calada con diferentes efectos sobre el estado de ánimo. Tenía la mala suerte de no fumar para tener el peligro de aburrirse en esos casos.
Cuando parecía que nadie se fijaba en él se levantó y salió del bar. Miró un poco a la calle y empezó a caminar con el ritmo de quienes no tienen nada que hacer esa tarde. Se cruzaba con personas que había visto también emocionarse en conversaciones en algún lugar concreto, pero que sentían una chocante vergüenza a resolver preguntas formuladas en plena calle, aunque quien se las hiciese sea un amigo. Una vergüenza que por previsible empezaba a parecer -sólo a parecer- natural, como el pan de oro de la decoración barroca. Todos saben que no es oro. Su mente cambio de tema. "Sería interesante que fuese oro y nadie lo supiera. Sería guapo hacer algo en plena calle con pan de oro, y sin embargo que nadie supiera que es oro de verdad. Nadie miraría con avaricia, o si lo hacían, sería una avaricia paralela, nadie tendría el impulso mental de maquinar para conseguir ese, para ellos falso oro". Luego pensó sin palabras que él y algunos de sus conocidos alguna vez eran como ese pan de oro que en realidad era oro.
Pasó junto a la iglesia del vecindario y vio una vez más un dibujo de Jesucristo que miraba con plácida compasión al espectador. Unos pasos después, un guitarrista de Jazz tenía la misma expresión en un escaparate de una tienda de discos. Entró a curiosear. La tienda la atendían dos jóvenes cómo él, un chico y una chica. La chica parecía azorada, preocupada por vigilar que todo en la tienda estuviese en su sitio, que nadie robase, etc. El chico parecía igual de vigilante, pero aburrido, como sin expectativa: vender, cobrar, lo tenemos, no lo tenemos, se lo tenía aprendido y le aburría en la boca. Por un momento le pareció que era más seco y borde de lo necesario. A fin de cuentas tenía un negocio que más o menos funcionaba, tenía todos los discos que quería cuando quería, un trabajo rodeado de música y artistas. Quizá tampoco le iba tan bien. Que una tienda tenga el escaparte y los estantes llenos de productos puede ser tanto buena como mala señal.
Miró el disco del músico de mirada de jesucristo. Sólo 4 canciones, "un poco caro. Bueno, me lo llevaré, antes le pediré si me deja escuchar algo". Es difícil estar cómodo escuchando música de pie en medio de una tienda con un tendero inexpresivo. Se snitió obligado a discernir rápidamente si el disco era bueno o no, a ponerle nota sin escuchar la canción entera. Otras veces tampoco era así, había mejor ambiente y con sólo unos compases ya sabes si el disco es bueno, o al menos si es de lo que estás buscando. En este caso el disco era bueno. "Muchas gracias, hasta luego".
Por la calle algo le hizo pensar "qué pena no tener la cámara de fotos". Un hombre de más de 50 años permanecía tranquilo leyendo un periódico apoyado sobre una pared donde una pintada en spray color rojo decía "ESTOY HARTO". Incluso cuando pasó un amigo y el hombre del periódico sonreía, la foto sería muy buena. Apretó un poco el paso con la esperanza de alcanzar la cámara en casa antes de que el señor se fuese. Si no tenía éxito, en cualquier caso podía pasar toda la tarde sentado cerca del muro a ver si ocurría algo parecido. Obtuvo varios trofeos. Un niño que llora ante las reprimendas de su madre, una pareja que ignoraba el mundo en un envidiado beso, un chaval que pasaba con un monopatín, primero rodando, y luego caminado, entre orgullosos y encorvado, moviendo el monopatín como si fuese un bastón, y un perro que meaba la pared justo debajo del muro."""...
martes, 17 de junio de 2008
Publicado por
Jose García Carrera
en
16:40
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Qué bueno Jose, ¡cuántas veces me he sentido así! Aburrido, incapaz de comunicarme, alienado... Pero a un tiempo observador, sensible y curioso ante todos los pequeños milagros que pueblan lo cotidiano.
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